«El Concilio Vaticano II suprimió el canto gregoriano»

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A veces la ignorancia es muy atrevida. ¿Cómo es posible que después de más de 50 años algunas personas sigan afirmando que «el Concilio Vaticano II suprimió el canto gregoriano»? Lo más doloroso es ver cómo algunos (incluso clérigos) apelan al «espíritu del Concilio» para realizar semejante afirmación, esto es un insulto a la inteligencia y a los padres conciliares, ya que en ninguna cabeza entra que el «espíritu» del Concilio diga lo contrario que la letra que contienen sus documentos.

Por si hubiese alguna duda, solo debemos releer las Actas del Concilio Vaticano II y observar cómo se inauguró este gran acontecimiento eclesial en la Primera sesión pública del 11 de octubre de 1962 presidida por Juan XXIII: 

«Durante la procesión la Capilla Sixtina y el coro del Pontificio Seminario Mayor Romano (para apoyar el canto gregoriano) interpretó: Credo (gregoriano), Magnificat (gregoriano), Salve Regina (1ª estrofa de Perosi), Ubi caritas (gregoriano), Ave maris stella (2ª estrofa de Perosi), Salve Regina (gregoriano), Veni Sancte Spiritus (gregoriano), Salve Regina (gregoriano), Adoro te devote (gregoriano), Pange lingua (gregoriano), Benedictus dominus (gregoriano). Cuando el Sumo Pontífice entró en la Basílica el coro cantó la antífona Tu es Petrus a 6 voces de Palestrina. Al acercarse al altar se entonó el himno Veni Creator a 6 voces de Bartolucci alternado con el gregoriano. Durante la Misa la Capilla Sixtina cantó la Missam Papae Marcelli de Palestrina».
 
Pero es que además, algunos parece que nos quieren hacer creer que el Concilio Vaticano II se clausuró a «ritmo de conga» y ¿qué decir? basta con releer nuevamente las Actas del Concilio y observar que en la misa de clausura celebrada por Pablo VI en la Décima –y última– Sesión pública del 8 de diciembre de 1965 según el Ordo et methodus servanda in concludendo Concilio Oecumenico Vaticano II se describe así:

«Cuando el Sumo Pontífice se dirigía al altar la Capilla Sixtina entonó el Tu es Petrus a 7 voces de Bartolucci y, en modo gregoriano, alternando con todos los presentes, el himno Ave Maris Stella. [...] Después de la antífona de ofertorio en gregoriano la Capilla Sixtina entonó en modo polifónico Tota pulchra es. [...] Cuando el Sumo Pontífice sumió la preciosísima sangre de Cristo todos los presentes entonaron la antífona de comunión en modo gregoriano: Ubi caritas et amor. [...] Antes de la bendición del Sumo Pontífice todos respondían a las aclamaciones cantando Christus vincit, Christus regnat...».

Todo ello en perfecta consonancia («espíritu» y «letra») con la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre liturgia que aprobó el Concilio, :

116. La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas.

Además, destaca que uno de los elementos de universalidad de la liturgia de la Iglesia es el latín, por ello insiste tanto en conservarlo en algunas partes concretas de la Misa aunque esta se celebre en lengua vernácula:

54. Los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del Ordinario de la Misa [Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus y Agnus Dei] que les corresponde.

Por último, el Concilio vio necesario actualizar el repertorio gregoriano y adaptarlo a la nueva reforma litúrgica:  

117. Complétese la edición típica de los libros de canto gregoriano; más aún: prepárese una edición más crítica de los libros ya editados después de la reforma de San Pío X. También conviene que se prepare una edición que contenga modos más sencillos, para uso de las iglesias menores.

Y así fue, de la mano de los monjes de la Abadía de Solesmes (Francia), se comenzó a trabajar en los libros de canto gregoriano, sustituyendo el antiguo Liber usualis por unos propios para la Misa y otros para el Oficio.

En 1967 se publicó el Graduale Simplex. In usum minorum ecclesiarum, el cual contiene un repertorio nuevo y con melodías sencillas con un carácter silábico para facilitar el canto de la asamblea del ordinario y del propio de la Misa. En 1975 se publicó la Editio Typica altera actualizada con el calendario litúrgico definitivo de la reforma conciliar. Recientemente, en 2008, se publicó un primer volumen (Adviento y Navidad) de Gregoriano simplex. Accompagnamenti organistici ai canti del Graduale Simplex, pero aún no se han publicado los siguientes volúmenes.

En 1974 se publico el Graduale Romanum con el repertorio oficial en gregoriano para la Misa. Poco después se publicó también con acompañamiento de órgano en varios volúmenes: Graduale Romanum. Comintante organo

En 1975 se publico el Graduale Triplex, que contiene exactamente el mismo repertorio que el Graduale Romanum pero añadiendo en la parte superior de la notación cuadrada la notación de Laon, así como la de San Galo –en rojo– en la parte inferior; ambas notaciones adiastemática ayudan al estudio y a la interpretación del canto gregoriano. Recientemente también se ha publicado el Graduale novum I. De dominicis et festis, y el Graduale novum II. De feriis et sanctis. Se trata de una edición crítica actualizada (no oficial) del Graduale Romanum y elaborada por la Asociación Internacional de Estudios de Canto Gregoriano (AISCGre).

graduale simplexgraduale romanumgraduale triplex

Uno de los libros más importantes para la Misa –aunque no contenga música– es el Ordo cantus Missae (1973) que contiene la relación completa de lo que se debe cantar en cada parte de la Misa en cada una de las celebraciones del año litúrgico. En 1987 se publicó la Editio Typica altera con el calendario actualizado. Esta publicación tiene su homóloga para la Liturgia de las Horas: Ordo cantus oficci (1983) y su Editio Typica altera de 2015. Para el Oficio también se publicó el Liber Hymnarius, el Antiphonale Romanum (2 vol.) y el Antiphonale Monasticum (3 vol.)

A estas publicaciones oficiales se pueden sumar también otras «no oficiales» como el Liber cantualis, una selección de repertorio gregoriano popular. El cual también ha sido publicado con acompañamiento de órgano: Liber cantualis. Comitante organo. Se han publicado otros volúmenes, tanto para la Misa como para el Oficio: Kyriale, Offertoriale, Ordo Missae in cantu, Cantus selecti, Pocessionale Monasticum, Psalterium monasticum, etc. Se puede encontrar el elenco completo en la web del la abadía de Solesmes.

Pero esto no es todo. Para favorecer las indicaciones del Concilio Vaticano II se añade un número en la Instrucción «Musicam Sacram» (1969) destacando la importancia de la formación de los futuros sacerdotes y religiosos para llevar a cabo esta tarea tan importante en la Iglesia: 

52. Para conservar el tesoro de la música sagrada y promover debidamente nuevas creaciones, dése mucha importancia a la enseñanza y a la práctica musical en los seminarios, y en los noviciados de religiosos de ambos sexos, así como también en los demás institutos y escuelas católicas pero, sobre todo, en los institutos superiores especialmente destinados a esto. Debe promoverse, ante todo, el estudio y la práctica del canto gregoriano, ya que, por sus cualidades propias, sigue siendo una base de gran valor para la cultura en música sagrada. 

Es más, el deseo de Pablo VI para conservar el canto gregoriano en la Iglesia era tan profundo que en 1974 en previsión del año santo de 1975 se dirige a todos los obispos del mundo para hacerles llegar a cada uno personalmente la nueva publicación realizada con un repertorio básico de canto gregoriano para la Misa titulada Iubilate Deo, del cual, posteriormente se haría un grabación. Hoy se puede encontrar en CD Iubilate Deo (CD 1 CD 2). El prólogo de esta publicación dice así:

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, a la exhortación de que las lenguas vernáculas tengan un lugar apropiado en las celebraciones litúrgicas, añadió la siguiente advertencia: «Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponden» (Sacrosanctum Concilium, 54). 

El Sumo Pontífice Pablo VI, movido por este espíritu, ha expresado en diversas ocasiones durante estos últimos años (el 22 de agosto de 1973 en la audiencia general; el 12 de octubre de 1973 en un discurso a la Asociación Internacional de Música Sacra; cf. también la Carta del cardenal Jean Villot, Secretario de Estado, a la XXIV Semana Litúrgica Italiana que tuvo lugar en Piacenza los días 27 al 31 de agosto de 1973) su deseo de que el Canto Gregoriano acompañe con su dulce melodía las celebraciones eucarísticas del pueblo de Dios, y de que las voces de los fieles resuenen tanto con Cantos Gregorianos como en las lenguas vernáculas.

La presente obra, que ha sido enviada como regalo a todos los obispos, responde a los deseos del Sumo Pontífice. En ella se recogen algunas melodías de las más sencillas, que deberán ser cantadas por los fieles especialmente con ocasión del Año Santo. De esta forma, el Canto Gregoriano seguirá siendo el vínculo que haga de tantas naciones un único pueblo reunido en nombre de Cristo con un corazón, un espíritu y una voz. Pues el movimiento hacia la unidad, simbolizado en la concordia de las voces en diferentes lenguas, ritmos y melodías, manifiesta admirablemente la variada armonía de la única Iglesia. En palabras de San Ambrosio: “Es un gran vínculo de la unidad el que la comunidad de todo el pueblo se armonice en un único coro. Las cuerdas de la cítara son diversas, pero la sinfonía es única. Si el artista se equivoca con frecuencia entre tan pocas cuerdas, el Espíritu artista no se equivoca jamás en el pueblo” (San Ambrosio, Explanationes in psalmos, in ps. 1, 9: PL 14, 925). Que Dios haga que este común deseo se lleve a buen efecto y que el corazón de la Iglesia orante se armonice alegre y profundamente con estos suaves y piadosos cantos en todo el universo. 

Domingo de Pascua de Resurrección, 14 de abril de 1974. 

jubilate deojubilate deo

Parece clara la dirección que el Concilio y los pontífices han marcado con respecto al canto gregoriano. El sucesor de Pablo VI, Juan Pablo II (ya que el pontificado de Juan Pablo I solo duró 30 días), favoreció de igual modo este interés de la Iglesia realizando una reedición del Iubilate Deo para el Gran Jubileo del 2000 en Roma, el cual fue distribuido masivamente. Y, por otra parte, en su Quirógrafo sobre la música sacra (2003) destaca nuevamente la importancia del gregoriano:

7. Entre las expresiones musicales que responden mejor a las cualidades requeridas por la noción de música sagrada, especialmente de la litúrgica, ocupa un lugar particular el canto gregoriano. El concilio Vaticano II lo reconoce como «canto propio de la liturgia romana»  al que es preciso reservar, en igualdad de condiciones, el primer puesto en las acciones litúrgicas con canto celebradas en lengua latina. San Pío X explicó que la Iglesia lo «heredó de los antiguos Padres», lo «ha conservado celosamente durante el curso de los siglos en sus códices litúrgicos» y lo «sigue proponiendo a los fieles» como suyo, considerándolo «como modelo acabado de música sagrada. Por tanto, el canto gregoriano sigue siendo también hoy elemento de unidad en la liturgia romana.

A la luz de todas estas cuestiones... ¿todavía puede haber alguien que afirme que «el Concilio Vaticano II suprimió el canto gregoriano»? 

 

3 comentarios:

  1. El "Espíritu del Concilio" sí... y lo siguieron de cabeza por la autopista. A la vista está. Las canciones como el del rito de la paz son antilitúrgicas... y ahí estamos, y hasta aquí hemos llegado guitarra en mano. No negar nunca la realidad paupérrima que vivimos hoy. Abrazos fraternos.

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  2. Miguel Ángel vigente14 de octubre de 2020, 9:51

    Padre Valado, muchas gracias por su aportación. Soy estudiante de órgano en el conservatorio profesional de Salamanca, y, aunque yo estoy convencido de todo lo que usted escribe en el blog, cada vez hay menos gente como yo. La mayoría se decanta por una liturgia más "llevadera", con cantos adaptados, acompañados de guitarras y panderetas. No estoy en contra de esto. A lo que me opongo es a que se adopte como la forma principal de acompañar todas las celebraciones, apartando el latín y el órgano por "antiguos". Me gustaría que expresara de nuevo su opinión sobre esto. Muchas gracias de nuevo.

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    1. Ya me he manifestado en numerosas ocasiones sobre esta cuestión en mi blog, en artículos o en entrevistas. Está claro que el Magisterio de la Iglesia va por un lado y la praxis habitual por otra. No es necesario señalar responsables porque es obvio, pero es importante seguir con esta tarea de divulgar lo que la Iglesia pide, no lo que algunos "interpretan" que pide. Pero ante todo... santa paz!

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