La Navidad


Origen y significado

1. La "Navidad" fue ignorada por los cristianos de los tres primeros siglos; ya que lo único que celebraban era la muerte y resurrección de Cristo, el "Misterio pascual", cada domingo.

2. Este desinterés, curiosamente, surge por el desconocimiento de la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Pero muy pronto cayeron en la cuenta que un acontecimiento salvador de primer orden como la Encarnación de Dios bien merecía una conmemoración.

3. La introducción de esta fiesta litúrgica se produjo de manera diversa en Oriente y en Occidente; pero en ambos casos tuvo origen en unas fiestas paganas en honor del Sol.

4. El primer testimonio de la fiesta del nacimiento de Cristo fijada en el 25 de diciembre se remonta al Calendario llamado filocaliano (año 354).

5. Sin duda, el desarrollo del dogma Cristológico ("Plena manifestación de la divinidad en la humanidad de Jesús - Concilio de Nicea, año 325) ha sido determinante... pero la fijación de la fecha,  según la hipótesis más extendida (aunque en la actualidad puesta en entredicho) es la de la cristianización de una fiesta pagana anterior denominada "Natalis Solis invicti" (solsticio de invierno, cuando los días vuelven a alargarse), y el interés del emperador Constantino por unir el culto solar con el culto cristiano. 


Características y peculiaridades de este tiempo

1. Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico aprobadas por el Beato Pablo VI en 1969 describen así la Navidad: "Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como lo más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hacemos en el tiempo de Navidad que va desde las primeras vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía. La Misa de la Vigilia de Navidad se celebra la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras vísperas. El día de Navidad se pueden celebrar tres Misas: según la antigua tradición romana, es decir, en la noche [misa del gallo], a la aurora y en el día".

Por la importancia del misterio que celebramos en Navidad se incluyen ocho días de fiesta (octava), como en la Pascua, ordenada de este modo:
a) El domingo dentro de la octava, o, si no lo hay, el 30 de diciembre, se celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
b) El día 26 de diciembre es la fiesta de San Estaban, el primer mártir.
c) El día 27 de diciembre es la fiesta de San Juan, Apóstol y evangelista.
d) El día 28 de diciembre es la fiesta de los Santos Inocentes.
e) Los días 29, 30 y 31 son días de la octava.
f) El día 1 de enero, octava de Navidad, es la solemnidad de Santa María Madre Dios, en la que se conmemoraba también la imposición del Nombre de Jesús (ahora se ha trasladado al 3 de enero).
El domingo entre el 2 y el 5 de enero es el domingo II después de Navidad.
El domingo después del 6 de enero se celebra la fiesta del Bautismo del Señor y con él finaliza el tiempo litúrgico de Navidad.

2. Durante el tiempo de Navidad, es costumbre, al finalizar la misa, "adorar" al Niño. Esta práctica tradicionalmente se prolonga hasta la Epifanía del Señor (6 de enero).

3. El color litúrgico de la Navidad es el blanco; y se nos invita a celebrar este tiempo con la mayor solemnidad posible: ornamentos apropiados, flores para embellecer el presbiterio, música adecuada.

4. Las costumbres más populares y familiares que rodean la Navidad y la Epifanía (Reyes): belén, árbol de Navidad, villancicos, cabalgatas, regalos... no tienen que banalizar la fiesta, sino hacerla más humana y alegre, en equilibrio con la fe que celebramos.


Repertorio musical en Navidad

1. Al celebrar la liturgia el "magno y admirable misterio" del Dios hecho hombre por nosotros debemos cantar –no sólo con villancicos– la Navidad; es decir, debemos utilizar cantos con texto y música apropiados. Dejando algunos villancicos populares fuera de la liturgia por su contenido. 

2. Importancia del "propio":
- El canto de entrada debe introducirnos en el Misterio que celebramos
- El Salmo (como de costumbre, el del día)
- En la presentación de dones (ofertorio) y en la comunión podemos hacer uso de un repertorio navideño apropiado, en consonancia con los textos bíblicos.

3. Peculiaridades del "ordinario": se vuelve a entonar el Gloria, que es el gran himno de Navidad.

4. Al finalizar la celebración se puede hacer uso de villancicos apropiados para la adoración del Niño; es decir, que su contenido sea de tipo religioso y nos haga contemplar y aclamar el misterio que celebramos.




Antífonas de la "O"

El 17 de diciembre comienza el septenario (7 días previos) de la gran solemnidad de Navidad. Por ello, me gustaría comentar una GENIALIDAD del canto gregoriano para este tiempo inmediato a la Navidad. 

Existen 7 antífonas, una para cada día (del 17 al 23 de diciembre). Estas antífonas preceden al canto del Magníficat, es decir, están enmarcadas en el rezo de vísperas. La peculiaridad de estas antífonas es que todas comienza con la exclamación "O", por eso se llaman las Antífonas "O" ¿cuál es la devoción mariana que nos habla de la esperanza, de la espera, de la expectación tan propia del tiempo de Adviento? La virgen del "O". Curioso, verdad? Prosigamos.

A la exclamación "O" le siguen en cada una de las antífonas los títulos mesiánicos tomados del Antiguo Testamento. Es una aclamación a Jesús el Mesías. 


O Sapientia...  Oh sabiduría, Palabra
O Adonai... Oh Señor
O Radix Iesse... Oh raíz -renuevo- de Jesé (padre de David)
O Clavis David... Oh llave de David
O Oriens... Oh oriente -sol, luz-
O Rex gentium... Oh rey de los pueblos
O Emmanuel... Oh Dios-con-nosotros.

Leído como un acróstico de abajo a arriba resulta: "ERO CRAS" que quiere decir SERÉ o VENDRÉ MAÑANA, como si el mismo Jesús anunciase su venida con palabras dichas de su propia boca. Y es así, si leemos de arriba a abajo podemos leer "SARC (del griego sark) ORE" que se puede traducir por "carne con boca" o "carne por boca", es decir, Jesucristo, Palabra hecha carne se pronuncia con su propia boca. ¿Qué gran misterio celebramos si no en Navidad? El mismo Dios se ha hecho carne y tendremos ocasión de escuchar su palabra pronunciada por su propia boca.

¿Cómo se puede decir tanto con tan poco? Por algo "la Iglesia reconoce el gregoriano como canto propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por lo tanto, se le debe otorgar el primer lugar en las acciones litúrgicas" (Sacrosanctum Concilium 116).

Esta semana podremos "saborear" estas antífonas. Esta es la primera:

Antifona I – 17 de diciembre.

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3),
te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1):
ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

Azul inmaculada


Fotografía © Miguel Castaño
En este blog acostumbro a escribir sobre música y liturgia, así que incluyo aquí la colaboración –más que interesante– de D. José María Ripoll, compañero sacerdote de mi diócesis.

Es una escena habitual el que en muchas de nuestras parroquias, en el día celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción vemos emplear -allí donde los hay- ornamentos de color azul celeste y escuchar durante la homilía la explicación de que tal color se debe a un privilegio concedido a España en el siglo XIX por la ancestral defensa que nuestra nación ha hecho de ese dogma. Es conveniente recordar algunos pormenores del uso de este privilegio pues resulta cada vez más frecuente ver como este color -debido sin duda al celo mariano- es usado para celebrar otras advocaciones de la Santísima Virgen.

Lo primero que hemos que precisar es que el color azul, como tal, no es un color litúrgico. En efecto, son colores litúrgicos todos y solo aquellos que se prescriben en el punto 346 de la actual Instrucción General del Misal Romano, a saber, el blanco, el verde, el rojo, el morado, el negro y el rosado. El color azul es, hablando en puridad, un privilegio litúrgico. Esta distinción no es quisquillosa ni rebuscada, dado que según un venerable principio litúrgico, "todo aquello que en la liturgia no es obligatorio, está prohibido". El sentido del privilegio litúrgico es precisamente ser una excepción a una ley general, privilegio concedido por la Santa Sede de lo cual puede hacerse uso o no; esto es lo que lo distingue esencialmente de los colores litúrgicos facultativos como el rosáceo o el negro, que no constituyen excepciones, sino posibilidades ad libitum pero que figuran explícitamente en el conjunto de normas litúrgicas de la Iglesia.

El privilegio de poder emplear el color azul no es, sin embargo, el único concedido a España. Existe un breve pontificio, Ad hoc nos, rubricado por San Pío V (al que se añade el Pastoralis officii de Gregorio XIII) en el que se compendian todos los privilegios litúrgicos otorgados a nuestra nación, muchos de los cuales si bien han caído en desuso no debería ser óbice para conocerlos. Tales privilegios son el fruto de centenarias costumbres litúrgicas españolas -y no tanto una concesión graciosa en recompensa a determinados "méritos" como en ocasiones parece interpretarse- que recibieron tal reconocimiento después de haber sido solicitada la continuación de tales usos. Algo semejante ha sucedido con el color azul, que aún antes de la concesión del privilegio se habría comenzado a ser utilizar. Su uso resulta muy anterior a la misma proclamación del dogma por parte de Pío IX; por lo que parece,se comenzaría a utilizar en Sevilla al menos a raíz de la polémica entre maculistas e Inmaculistas en el siglo XVII. El primer reconocimiento de la posibilidad de usar este color tendría lugar en 1817, cuando Pío VII concedió su uso a la catedral de Sevilla para la fiesta de la Inmaculada y su octava. En 1879 la Sagrada Congregación de Ritos extendería este permiso a toda la archidiócesis hispalense. Finalmente el doce de febrero de 1883 según decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos se concede su uso las diócesis españolas y sus territorios para la solemnidad de la Inmaculada, su octava, y las misas votivas. Desde la supresión de la octava de la Inmaculada ya en el misal promulgado por Juan XXIII en 1962 acorde a las rúbricas de la instrucción Rubricarum instructum, el color azul queda reducido a la solemnidad de la Inmaculada y a las misas votivas de la Inmaculada. Y para las diócesis españolas, según lo que hemos indicado más arriba, cualquier otro uso está prohibido. No pensemos, sin embargo, que es nuestro país el único en el que veremos emplear vestiduras azules. Los antiguos territorios del Reino de Baviera (actual Estado Libre de Baviera) lo tiene concedido para la festividad de Santa María Reina y en Portugal para las fiestas de la Inmaculada y la Asunción. En todo caso, el uso abusivo de este color fuera de las fechas para las que está concedido supone desdibujar su sentido y el origen del privilegio: la devoción multisecular del pueblo español a la Inmaculada y la defensa del dogma. Fue precisamente en la archidiócesis de Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua donde se conservarían -según la tradición- los más antiguos ornamentos confeccionados en color azul para celebrar a la Inmaculada.

Y es un color muy a propósito para celebrar este misterio. Es el azul quizá el más inmaterial y profundo de los colores. Recuerda al cielo, al agua, al aire, al cristal; Por eso también se habría usado en la liturgia cristiana medieval durante el tiempo de Pentecostés pues el símbolo del Espíritu Santo es el aire, el más inmaterial de los elementos, pues "Spiritus ubi vult, spirat". El azul intenso quiere expresar de este modo el desapego a los valores mundanos y la ascensión del alma que tiende hacia lo divino, como nos enseña Efrén el Sirio : “Hoy María se ha hecho cielo y ha traído a Dios, porque en Ella ha descendido la excelsa divinidad y ha hecho morada."Por eso, junto al blanco, es el color de la Inmaculada Concepción. Representa ese encuentro del cielo con la tierra en las Virgen ya concebida sin mancha, que anuncia esa fusión del cielo y la tierra, las dos partes del eje cósmico, unidos para acoger esa autocomunicación divina, y así se expresa de manera elocuente que Dios Padre ante la previsión de los méritos de María la haya querido adornar con este singularísimo privilegio.




La Corona de Adviento

En los últimos años se ha extendido la costumbre de colocar en nuestras iglesias la "corona del Adviento" o "corona de las luces de Adviento" pese a nos ser preceptiva, es decir, obligatoria. Esta tradición del Norte de Europa tiene un interesante carácter simbólico y catequético, aunque no se menciona en la Introducción General del Misal Romano, tampoco en el Ceremonial de obispos, donde en muchas ocasiones encontramos aclaraciones que no encontramos en los libros litúrgicos; sin embargo, sí se encuentra una referencia explícita en el Bendicional (nn. 1235-1242). En él se explica el sentido y el significado de la "corona" y dos modelos para su bendición: en el hogar familiar o en la iglesia.

1) Tener una corona en el hogar es una buena ocasión para orar en familia y prepararse conjuntamente para la Navidad. Este es uno de los casos en los que el padre o la madre de familia puede realizar la bendición. 

2) En el caso de hacerlo en la iglesia, ya que no es preceptivo, es recomendable que sea en la misa del domingo I de Adviento, justo después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial. Esto último no quiere decir que se omita el señor ten piedad (ver en este mismo blog la entrada del Señor, ten piedad). Otra opción sería bendecirla en las I vísperas del I Domingo de Adviento. En el momento de encender las velas que correspondan se puede entonar un canto apropiado, como por ejemplo, el salmo 26 (27) - El Señor es mi luz y mi salvación.  

Con respecto al color de las velas de la corona no hay nada dispuesto, pero el sentido común nos lleva a poner las cuatro de color blanco (color habitual de las velas que utilizamos) o, incluso, tres moradas y una rosa, correspondiendo con el color litúrgico de cada domingo, respetando el rosa para el domingo Gaudete o domingo III de Adviento. 

CAPÍTULO XXXVII

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO


1235. La «Corona de Adviento» o «Corona de las luces de Adviento» es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

1236. La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

1237. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

I. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA FAMILIA

1238. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/.   Que hizo el cielo y la tierra.

Monición introductiva

El ministro introduce la celebración con estas palabras u otras semejantes:

Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.

1239. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Is 60, 1: ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

1240. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
LA tierra, Señor, se alegra en estos días, 
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, 
que se avecina como luz esplendorosa, 
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas 
de la ignorancia, del dolor y del pecado. 
Lleno de esperanza en su venida, 
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque 
y la ha adornado con luces. 
Ahora, pues, que vamos a empezar 
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, 
te pedimos, Señor, 
que, mientras se acrecienta cada día 
el esplendor de esta corona, con nuevas luces, 
a nosotros nos ilumines 
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, 
iluminará todas las oscuridades. 
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/.   Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana de Adviento.

II. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA IGLESIA

1241. La «Corona de Adviento», que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

Monición introductoria

Después del saludo, el ministro, dice:

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. 

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

1242. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
LA tierra, Señor, se alegra en estos días, 
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, 
que se avecina como luz esplendorosa, 
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas 
de la ignorancia, del dolor y del pecado. 
Lleno de esperanza en su venida, 
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque 
y la ha adornado con luces. 
Ahora, pues, que vamos a empezar 
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, 
te pedimos, Señor, 
que, mientras se acrecienta cada día 
el esplendor de esta corona, con nuevas luces, 
a nosotros nos ilumines 
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, 
iluminará todas las oscuridades. 
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/.   Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana del Adviento.

El tiempo litúrgico de Adviento


Origen y significado


1. El tiempo de Adviento tal y como lo celebramos ahora son las semanas que preceden y preparan la Navidad. "Adviento" significa "venida", por ello en este tiempo nos disponemos para acoger la venida del Mesías. El Adviento, la espera de la venida del Señor, es el primer paso de esta historia anualmente revivida en el Año Litúrgico.

2. Este tiempo tiene un claro origen hispano. En el Concilio de Zaragoza, año 380, se prescribe que los fieles vayan a la iglesia desde el 17 de diciembre hasta la Epifanía para orar y reunirse frecuentemente. Dicha práctica se consolidó en Francia a lo largo del siglo V, cuando Perpetuo de Tours (490) establece un ayuno de tres días a la semana desde San Martín (11 de noviembre) hasta Navidad. Pero el Adviento romano no se fija hasta el siglo VI con los Sacramentarios y Leccionarios que nos han transmitido sus formularios litúrgicos. Curiosamente, cabe destacar que solo en Roma el Adviento fue, desde el principio, una institución litúrgica, mientras que en los demás lugares fueron consideraciones ascéticas lo que constituyó el punto de arranque y las normas de su evolución.

3. El sentido del Adviento Romano queda perfectamente definido en los siglo VI-VII. En primer lugar es, según la concepción de las Galias, un tiempo de preparación a la solemnidad de Navidad, pero también un tiempo de "espera": espera para la Navidad y espera del retorno glorioso del Señor al final del mundo. De este modo, la espera cristiana, halla su expresión espontánea en los textos proféticos inspirados por la espera del Mesías: Isaías y Juan Bautista, las dos grandes voces de la liturgia del Adviento.

4. En este sentido, cabe recordar que el Adviento comienza cuatro domingos antes de la Navidad. El primer domingo miramos hacia la última venida de Cristo; el segundo y tercero, a Juan Bautista; y el cuarto, a María, la Madre de Dios. Aunque también cabe destacar en su estructura dos etapas: Desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre (invitación a prepararnos en la esperanza y en la conversión para la venida del Señor a nuestras vidas); desde el 17 hasta el 24 (más directamente orientada hacia las fiestas de Navidad).


Características y peculiaridades de este tiempo 

1. Palabras que resuenan en Adviento: 

– Emmanuel: Expresión hebrea que significa "Dios con nosotros" (Is 7, 10-14). Signo de la presencia salvadora de Dios en medio del pueblo.

– Marana tha: Expresión aramea = "¡Señor nuestro, ven!". Que las comunidades mantuvieron intacta (1Cor 16,22). Es la expresión del anhelo del retorno de Jesús. Nuestra traducción es "Ven, Señor, Jesús"

– Mesías: Palabra hebrea que significa "ungido". En la antigüedad los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos con aceite como signo de la fuerza de Dios. El Mesías era el "elegido" para liberar al pueblo de Israel. La traducción griega de "Ungido" es "Cristo" y así llama el NT a Jesús. 

– Precursor: Es el que anuncia o prepara algún acontecimiento o venida de alguna persona. Se aplica a Juan el Bautista.

– Profeta: Significa mensajero de Dios, el que habla en nombre de Dios. No es un adivino, aunque a veces predice acontecimientos. Isaías es el más representativo del Adviento.

2. Actitudes: 

– Esperanza: esta es la palabra que más resuena. En dos sentidos: la encarnación y la venida definitiva.

– Disponibilidad: "preparad el camino al Señor" es la consigna de este tiempo, es la llamada que Juan Bautista hacía en el Jordán a todos aquellos que se acercaban.

– Alegría: no tenemos que guardarnos toda para Navidad. El tiempo de "preparación" también es una alegría (ej.: un banquete o una fiesta).

– Oración: la Navidad que nos ofrecen los medios de comunicación social no debe desviar nuestra atención de lo verdaderamente importante, nuestra espera vigilante y oración como preparación a la encarnación del Mesías.

– Paciencia: el Adviento es una invitación a trabajar sin desfallecer, un año más, en espera: "Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Firmes en la fe.

3. Signos del Adviento: 

– Austeridad litúrgica: no se trata de una "cuaresma", sino de una espera gozosa (no se suprime el Aleluya, solo el Gloria). Eso sí, es un tiempo litúrgico austero: color morado, ausencia de flores, etc.

– Corona de adviento: tradición proveniente del norte de Europa pero ya arraigada (no preceptiva). Sentido catequético (4 velas - 4 domingos).

– El Belén: La mejor manera de terminar el Adviento es preparando el Belén. Pero tenemos que tener en cuenta que el "Niño" debemos colocarlo el 24 por la noche (Misa del Gallo) o el mismo 25. 


Repertorio musical en adviento 

1. Importancia del "propio".

– El canto de entrada nos introduce en el Misterio y, en el caso concreto de los cuatro domingos de Adviento, en el tiempo litúrgico que celebramos.

– El Salmo (como de costumbre, no debe ser alterado).

– Aprovechar para cantar los mismo cantos los 4 domingos; reservando un repertorio propio de Adviento que solo se utilice en este tiempo litúrgico.

2. Peculiaridades del "ordinario": 

El gloria es el gran canto de Navidad, por este motivo durante los domingos de Adviento no se canta.

3. Otras cuestiones: 

– El "Ave María" es un canto apropiado para el ofertorio del IV Domingo de Adviento.

– El canto para encender la vela de la Corona de Adviento debe ser adecuado, es decir, que haga referencia y mención al tiempo litúrgico que celebramos.

– Conservar cantos de la tradición. Sería ideal que pudiésemos utilizar en cada tiempo litúrgico un canto de nuestro tesoro musical. En este tiempo, uno de los más conocidos es el Rorate caeli.

– ¿villancicos? Debemos hacer lo posible por NO utilizarlos en nuestras celebraciones litúrgicas hasta el día 25 de diciembre; porque estos son expresión del Misterio que celebramos a partir de ese día. Obviamente debemos cuidar el contenido de los textos.



CECILIA, UNA HISTORIA DE AMOR

Fresco de la bóveda de Sta. Cecilia.
Cecilia, una historia de amor.

En tiempos del Papa Urbano I (siglo III) había una hermosa joven llamada Cecilia, de familia romana pero convertida al cristianismo. Fruto de su gran vida de fe y amor a Dios decidió entregarle su virginidad. Sin embargo, como era costumbre, sus padres le buscaron un hombre adecuado con el que debía casarse. Valeriano. Era un hombre lleno de virtud, pero pagano. Cecilia, pese a todo accedió al deseo de sus padres, pero poco después de la celebración del matrimonio, nuestra hermosa joven, armada de valor le dijo a Valeriano: 

– Debo comunicarte un secreto [me imagino la cara de Valeriano, pobre!], he entregado mi virginidad a Dios y un ángel del Señor vela por mí. 
   Ante esto, Valeriano se mostró escéptico [no es para menos] así que le dijo a Cecilia: 
– Si quieres que respete tu consagración virginal haz que yo también vea a ese ángel del Señor. De este modo haré lo que me pidas. 
   Cecilia, astuta, le dijo: 
– Si crees en el Dios verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel del Señor que me custodia.

Valeriano, profundamente enamorado de Cecilia, fue bautizado por el Papa Urbano I y cuando regresó como cristiano a casa... al entrar, vio que Cecilia estaba hablando con el ángel. Obviamente, lo importante no es que Cecilia hablase con el ángel (esto ya se lo había dicho ella) sino que él podía verlo. En ese instante, el ángel se acercó a la pareja y les entregó una corona de flores rojas (símbolo del martirio que padecerían) y otra de flores blancas (símbolo de la consagración virginal de ambos a partir de ese momento). 

Años más tarde, el prefecto Turcio Almaquio, condenó a muerte a Valeriano y a su hermano. Los decapitaron con tres golpes de espada, como mandaba la ley. A Cecilia también la condenaron a muerte. Cuando irrumpieron en su casa (donde ahora está la Basílica de Santa Cecilia) intentaron ahogarla varias veces... pero no fue posible, así que optaron por darle muerte a espada, mientras Cecilia "CANTABA A DIOS EN SU CORAZÓN". Los tres golpes en el cuello no lograron separar la cabeza de su tronco así que la dejaron en el suelo, bañada en su propia sangre. Cecilia tardò tres días en morir. (Todo esto lo recogen las Actas de Santa Cecilia - siglo V). 

Escultura de Maderno
Será Gregorio XIII el que nombre a Cecilia patrona de la música en 1594. La estatua que Maderno esculpió en aquella época muestra tal y como encontraron a Cecilia al abrir su sepulcro en la catacumba donde la habían enterrado. Hoy se puede ver debajo del altar de la Basílica de Santa Cecilia. En ella se percibe la marca de espada del cuello y la curiosa postura de sus manos indicando con tres dedos de la mano derecha y con uno de la izquierda la profesión de fe que la llevó al martirio: tres personas, un solo Dios (Dios trinitario).

Sin duda, la historia de Cecilia y Valeriano, es una historia de amor. De amor entre ellos y de amor entregado, generoso y testimoniado.

Vivir sin Dios es morir, mejor morir con Dios para vivir.


ORACIÓN DE LOS MÚSICOS

Oh! Cecilia, Martir santa y gloriosa
que con tu sangre preciosa 
has testimoniado un amor ardiente por Cristo el Señor,
te invocamos como patrona y protectora.

Tú, has hecho de la vida un canto de amor.
Sostén nuestro trabajo 
para que nuestras obras canten la gloria de Dios;
el Espíritu Santo, Amor y Belleza eterna,
guíe nuestra inteligencia y nuestro corazón.

Intercede ante el Señor
para que abra nuestros ojos y nuestros oídos.
Y así, contemplando el rostro de Cristo, 
hagamos de la música el eco de la divina belleza.
Nuestras obras transmitan consuelo y alegría, 
suscitando en el corazón de los hombres la nostalgia del Paraíso, 
contribuyendo al esplendor y solemnidad de la oración de la Iglesia, 
 que den luz y esperanza para el mundo.

Por tus grandes méritos concédenos unirnos un día al coro del cielo 
allí donde resplandece la sublime armonía de Dios.

Amén.

Basílica de Santa Cecilia (Roma)




Himno a San Martín

Seminario Mayor de Santiago © Miguel Castaño
Hace unos años, estando todavía en el seminario, compuse un himno dedicado a San Martín (11 de noviembre) porque es el patrón del Seminario Mayor de la diócesis de Santiago de Compostela (España). 

Comparto la grabación y la partitura por si a alguien le interesa.

Descargar partitura con acompañamiento.


Martín, varón apostólico, 
por tu abrazo a Jesús mendigo
ábrenos al misterio de la caridad.
Gloria a Martín, fiel protector.

En mitad de la vida,
en el medio del camino,
Cristo cambia tu vestido
por tu razón de vivir.

El pastor de pastores 
en ti graba su llamada,
tanto que en la encrucijada 
sólo el morir es vivir.

Fiel soldado de Cristo, 
a quien todos veneramos
muéstranos que los cristianos
vencen a fuerza de amar.

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