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Regina Caeli. 20 Versiones.


En este tiempo litúrgico de Pascua es "justo y necesario" hacer alusión a la oración mariana por antonomasia y que sustituye al habitual Angelus durante este tiempo: Regina Caeli.

Como todos los himnos, oraciones o salmos latinos también el Regina caeli recibe su nombre por las palabras con las que comienza:

Regina caeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia.
Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.
+
Alégrate, Reina del cielo, aleluya.
Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya.
Ha resucitado, según predijo, aleluya.
Ruega por nosotros a Dios, aleluya.

Desde el siglo X tenemos constancia de su uso en la liturgia. Es una de las oraciones marianas más antiguas que a día de hoy sigue siendo muy utilizada en su forma gregoriana, sobre todo en su tonus simplex.



Aunque también existe en Tonus sollemnis.




Como en muchas otras ocasiones... son numerosos los compositores que tomando el texto han dado rienda suelta a su creatividad e inspiración:


Regina caeli (a 12), N. Gombert (c.1495 - c.1560)




Regina caeli (a 4), G. P. da Palestrina (1525-1594)



Regina caeli (a 8), G. P. da Palestrina (1525-1594)



Regina caeli
(a 8), F. Guerrero (1528-1599)



Regina caeli (a 7), O. di Lasso (1532-1594)



Regina caeli (a 3), W. Bird (1543-1623)



Regina caeli (a 8), T. L. de Victoria (1548-1611)



Regina caeli (a 5), J. P. Sweelinck (1562-1621)



Regina caeli, G. Aichinger (1564-1628)


Regina caeli, J-B. Lully (1632-1687)



Regina caeli, M. Charpentier (1643-1704)



Regina caeli, A. Lotti (1667-1740)



Regina caeli, F. Couperin (1668-1733)



Regina caeli, W. A. Mozart (1756-1791)



Regina caeli, F. Schubert (1797-1828)



Regina caeli, Ch. Gounod (1818-1893)



Regina caeli, J. Brahms (1833-1897)




Regina caeli, M. Frisina (1954)





Akáthistos

Yo no soy un experto en liturgias orientales, para estas cuestiones más doctas recomiendo leer a Salvador Aguilera, un estudioso y amante de la Divina Liturgia y uno de los administradores del blog amigo Lex orandi; pero en esta entrada, cercano ya a la fiesta de la Inmaculada Concepción traigo uno de los más famosos himnos que la Iglesia ha Oriental dedicado a la Madre de Dios, el Akáthistos.

Es el himno litúrgico por antonomasia del siglo V que ha quedado como modelo de muchas composiciones himnográficas y titánicas, tanto antiguas como en la actualidad. Akáthistos no es el titulo originario, sino una rúbrica: "de pie, no-sentado", con la que se indicaba que había que cantarlo de pie, como se escucha el evangelio, como signo de reverente obsequio a la Madre de Dios. 


La estructura métrica y silábica se inspira en la Jerusalén celeste descrita en el capítulo 21 del Apocalipsis. Consta de 24 estrofas, con dos partes distintas: la cristológica y la eclesial; y como dos planos superpuestos: el plano de la historia y el de la fe. 

La primera parte, contiene doce "estrofas" y sigue el ciclo de la Navidad inspirado en el evangelio de la infancia (Lc 1–2; Mt 1–2). Misterio de la Encarnación (1–4), la efusión de la gracia en Isabel y Juan (5), la revelación a José (6), la adoración de los pastores (7), llegada y adoración de los magos (8–10), la huida a Egipto (11), el encuentro con Simeón (12). Misterios que superan el mero dato histórico y nos abren a una lectura simbólica y teológica. 

La segunda parte (estrofas 13–24) propone y canta lo que la Iglesia, en los concilios de Éfeso y Calcedonia, profesaba de María, en el misterio del Hijo Salvador y de la Iglesia de los salvados. María es la nueva Eva, virgen de cuerpo y espíritu, que con el fruto de su vientre reconduce a los mortales al paraíso que habían perdido (13); es la Madre de Dios que, siendo trono y sede del Infinito, abre las puertas del cielo e introduce allí a los hombres (15); es la Virgen encinta que reclama la mente humana a inclinarse ante un parto divino y a dejarse iluminar por la fe (17); es la "Siempre-virgen", inicio de la virginidad de la Iglesia consagrada a Cristo, su perenne custodia y amorosa tutela (19); es la Madre de los sacramentos-pascuales que purifican y divinizan al hombre y le nutren con el alimento celestial (21); es el Arca Santa y el Templo viviente de Dios, que precede y protege el peregrinar de la Iglesia y de los fieles hacia la Pascua definitiva (23); es la Abogada de la misericordia en el último día (24). 

El Akáthistos conserva un inmenso valor: 
  • por su contenido histórico salvífico, que abraza todo el proyecto de Dios, involucrando (envolviendo) a toda la creación, desde sus orígenes hasta el final de los tiempos, llegando a su plenitud en Cristo; 
  • por las fuentes que usa: la Palabra de Dios; la doctrina definida en los concilios (Nicea, 325; Éfeso, 431; Calcedonia, 451); Padres orientales de los siglos IV y V; 
  • por la metodología mistagógica, con la que, desde las imágenes de la creación y de la Escritura, eleva al hombre a la contemplación y celebración del misterio de la encarnación como misterio salvífico, en el que coloca a María como lugar teológico, de encuentro y de manifestación de Dios. 
En cuanto al autor, toda la tradición manuscrita nos lo deja en el anonimato. Hoy en día, la crítica científica se inclina por atribuir la composición del himno a uno de los Padres de Calcedonia. Así, el texto litúrgico que hoy recitamos y cantamos sería el fruto maduro de la más antigua Iglesia, todavía indivisa, en los orígenes de nuestra fe. Un himno, por tanto, digno de ser acogido y cantado por toda la Iglesia y la comunidad eclesial. 

Solemnidad de la Inmaculada Concepción en Roma


Monumento a la Inmaculada Concepción
Piazza di Spagna - Roma

Hoy la Iglesia ha celebrado la solemnidad de la Inmaculada concepción y los que nos encontramos en Roma también hemos intentado vivir con intensidad esta hermosa fiesta de la Virgen María, sin duda, teniendo presente a nuestra diócesis de Santiago de Compostela y de un modo muy especial a todos los jóvenes que han participado en Carballo en la Jornada Diocesana de la Juventud - Vigilia de la Inmaculada - presidida por nuestro Arzobispo, Don Julián.

La Jornada ha sido intensa porque el día de hoy se vive con muchísima solemnidad. En primer lugar, muchos jóvenes sacerdotes del Colegio Español nos dirigimos a la Basílica de Santa María la Mayor. Esta iglesia (una de las cuatro basílicas mayores de Roma) ha estado muy vinculada al pueblo español desde el siglo XVII, tiempo en el que el Papa Inocencio X, a petición de Felipe IV, rey de España, fundó la Obra Pía de Santa María la Mayor. Por eso es tradición que participe en esta celebración un gran número de españoles así como el cuerpo diplomático de la Embajada Española ante la Santa Sede.

Al finalizar la celebración nos dirigimos a la Piazza di Spagna, donde se encuentra la Embajada de España ante la Santa Sede. Es importante distinguir "ante la Santa Sede", porque aquí en Roma existe una embajada ante el Estado Italiano y otra, que es de la que hablamos, ante el Estado del Vaticano - Santa Sede. Sólo como curiosidad, destacar que es la misión diplomática permanente más antigua del mundo, creada en 1480 por el rey Fernando el Católico y siendo su primer embajador Gonzalo de Beteta - caballero de la orden de Santiago. Hoy, la embajadora es Maria Jesús Figa.

La solemne celebración comenzó a las 10:00 y fue presidida por el Cardenal Law, Arcipreste de la Basílica hasta este mismo año. Pudimos concelebrar cerca de cien sacerdotes y la música dirigida por el Maestro español Monseñor Miserach, canónigo maestro de capilla de esta Basílica, embelleció de un modo casi sobrenatural la liturgia que celebrábamos.

Embajada de España ante la Santa Sede. Piazza di Spagna
La embajadora y el cuerpo diplomático

Una vez allí, el Pontificio Colegio Español hizo una ofrenda floral a la Virgen en el monumento coronado con la imagen de la Inmaculada Concepción enfrente de la Embajada. Allí entonamos el canto popular "Salve Madre". Horas más tarde, hacía también su ofrenda el Santo Padre. Miles de personas abarrotábamos las calles para unirnos con él en oración al Padre por intercesión de María.

Ofrenda y oración del Santo Padre (pincha aquí)
En la liturgia celebrada el Santo Padre nos dirigió unas breves palabras de ánimo a seguir dando testimonio en el mundo como cristianos y a acogernos a la protección maternal de María:

El Pueblo de Dios, peregrino a lo largo de la historia, se vuelve a su Madre celeste y le pide su ayuda; se lo pide para que Ella acompañe nuestro camino de fe, para que nos de la fuerza necesaria para llevar adelante nuestra vida cristiana y para que nos acompañe y nos sostenga en la esperanza. Estamos necesitados, sobre todo en estos tiempos difíciles para Europa. María nos ayude a ver que hay una luz más allá del manto de niebla que parece envolver la realidad [...] Oh, María, concebida sin pecado, ruega por nosotros porque a ti recurrimos.

Finalmente, la Capella Sixtina (el coro del Papa) entonó las letanías. Y de este modo, breve y sencillo, el Santo Padre subió al "papamóvil" y regresó al Vaticano recorriendo las calles de Roma.

Para poner el broche de oro a una fiesta tan solemne pudimos degustar un chocolate con churros en la Embajada Española ante la Santa Sede al cual tuvo la deferencia de invitarnos la embajadora después de la ofrenda. 

Oscar Valado
Roma, 8 de diciembre de 2011 




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