Mostrando entradas con la etiqueta Benedicto XVI. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Benedicto XVI. Mostrar todas las entradas

Legado musical de Benedicto XVI

En el año 2005, en el mismo instante de su elección, los que somos amantes de la teología, de la liturgia y de la música nos frotábamos las manos porque había sido elegido “uno de los grandes”. Un gran teólogo, preocupado por la liturgia y apasionado de la música. ¿Qué cabría esperar? Todos ansiábamos un documento sobre música sacra, quizás con motivo del 50 aniversario de la Sacrosanctum Concilium. Pero no fue así. 

Sin embargo, su gran regalo ha sido enriquecer su magisterio con infinidad de intervenciones sobre la importancia del arte, la belleza… y, sobre todo, la música. No desde una perspectiva legislativa como nos habían acostumbrado pontífices anteriores desde san Pío X; sino que música y teología se han fundido en un abrazo para enriquecer la vida espiritual de los hombres y para iluminar el sentido teológico-litúrgico de la música. Esto no es completamente novedoso, porque siendo el Cardenal Joseph Ratzinger ya había escrito abundantemente sobre el tema, y muchos de sus escritos están recogidos en el volúmen XI de su obra completa

Podemos destacar que Benedicto XVI ha abordado la cuestión musical en innumerables ocasiones y desde diferentes perspectivas: liturgica, teologica, pastoral, espiritual, etc. 


Todas estas intervenciones y muchas más son el claro ejemplo de la sensibilidad de Benedicto XVI ante la cuestión musical. Pero sus continuas intervenciones han ido mucho más allá de un aspecto legislativo de la música sacra. Su interés ha sido –como buen teólogo– reflexionar, en innumerables ocasiones, sobre uno de los canales que pueden llevarnos a Dios y ser también una ayuda en el encuentro con él: la vía de las expresiones artísticas, la via pulchritudinis (vía de la belleza). Muestra de esta ayuda en el encuentro con Dios son las conversiones de personajes tan relevantes como san Agustín, Paul Claudel, Manuel García Morente, etc. que han descubierto a Dios a través de la belleza de la música. 

Benedicto XVI no ha escrito un documento específico sobre música sacra, pero nos ha ayudado a valorar que la belleza de la música es un verdadero camino para el encuentro con Dios y la oración. Lo creado nos tiene que hablar del creador, por eso la música sacra debe nacer de la fe y expresar la fe. Ahora sólo queda preguntar ¿la música de nuestras celebraciones litúrgicas tiene estas características? 

Oscar Valado
Roma, 27 de febrero de 2013

Con sabor a despedida




Ayer, domingo 24 de febrero de 2013 a las 12:00, Benedicto XVI se asomaba a la ventana de su estudio –como cada domingo– para rezar el Angelus con todos los fieles presentes en la plaza de San Pedro; pero en esta ocasión no éramos cinco mil o diez mil personas, sino ciento cincuenta mil. La plaza estaba abarrotada desde primera hora de la mañana esperando lo que ya se denominaba desde hace días como el “último Angelus del Papa”. Y así fue.

A las doce en punto, la cortina de la ventana del tercer piso del Palacio Apostólico se abría y en ese instante la plaza, al unísono, comenzó a aplaudir y a corear todo tipo de cánticos rimados (algunos con mayor fortuna que otros) en innumerables idiomas. Tampoco faltó algún espontáneo coreando la popular sevillana “no te vayas todavía, no te vayas por favor”. A todo esto el Papa respondió con una visible sonrisa, un gesto de saludo y un sincero “grazie”.

Sin extenderse más que en otras ocasiones comenzó sus palabras haciendo una breve referencia al evangelio del día, en esta ocasión comentó la Transfiguración del Señor en el monte Tabor ante los apóstoles Pedro, Santiago y Juan.

Una palabra resonaba en su último Angelus dominical como Papa: “oración”. En primer lugar hizo alusión a ésta como fuente de todo compromiso social y acción pastoral. En segundo lugar, atendiendo al tiempo litúrgico que estamos celebrando, afirmó que en Cuaresma “aprendemos a dar su debido tiempo a la oración, tanto personal como comunitaria, que da aliento a nuestra vida espiritual”.

Sirviéndose de ese mismo texto concluyó: “la oración no es aislarse del mundo y de sus contradicciones, como en el monte Tabor hubiera querido Pedro, pues la oración reconduce al camino, a la acción”. Por ello insistió que aunque él se retirase a orar al “monte” (Tabor) “esto no significa abandonar la Iglesia” sino que “podré seguir sirviendo de un modo más adecuado a mi edad y a mi fuerzas”. En ese momento la plaza rompió a aplaudir como señal de profundo respeto y agradecimiento a un Papa que se ha gastado en servicio a la Iglesia. A continuación rezó el Angelus e impartió la bendición a todos los fieles presentes.

Una mañana en la que, una vez más, el Papa dio muestras de su humildad, de su serenidad y sobre todo de su profunda espiritualidad. Por último, antes de alejarse de la ventana dijo: "estaré siempre cerca de vosotros, en la oración".

Oscar Valado
Roma, 25 de enero de 2013

Benedicto XVI sin papeles

Es algo a lo que Benedicto XVI no nos tiene acostumbrados... pero en esta ocasión, en su habitual encuentro con el clero de la diócesis de Roma al comienzo de la cuaresma, ha dejado los papeles de lado y ha dicho: "por las condiciones de mi edad no he podido preparar un gran, verdadero discurso como cabría esperar; más bien pienso hacer una «charlita» sobre el concilio Vaticano II"; tal y como le había pedido el Cardenal Vicario de Roma, Agostino Vallini. Las palabras que dirigió al clero fueron de una claridad sorprendente.  

Inició su discurso en un ambiente distendido, incluso con alguna broma que produjo la risa y el aplauso de los sacerdotes presentes (min. 17-19). Después de esta captatio benevolentiae entró en materia y sacó lo mejor de sí. Destaco los puntos más importantes:

Primera parte del Concilio:
  1. Fuimos al Concilio con alegría y entusiasmo. Era una expectativa increíble. Esperábamos que todo se renovase, que verdaderamente viniese un nuevo Pentecostés.
  2. Yo encuentro ahora, retrospectivamente, que ha sido muy bueno comenzar (el Concilio) con la Liturgia, así aparece el primado de Dios, el primado de la adoración. Alguno había criticado que el Concilio había hablado de muchas cosas, pero no de Dios. ¡Ha hablado sobre Dios! Y el primer acto sustancial del Concilio ha sido hablar de Dios.
  3. Se quería decir y entender que la Iglesia no es una organización, algo estructural, jurídico, institucional –aunque también– sino un organismo, una realidad vital, que entra en mi alma, así yo mismo, con mi alma creyente, soy elemento constitutivo de la Iglesia como tal. En este sentido, Pio XII había escrito la encíclica Mystici Corporis Christi, como un paso para completar la eclesiología del Vaticano I. En el Vaticano II el concepto "comunión" es el más importante.
  4. Más conflictivo era el problema de la Revelación. Aquí se trataba la relación entre Escritura y Tradición. ¿Cómo se lee bien la Escritura? ¿qué quiere decir tradición? Era una batalla pluridimensional. (...) Aquí fue decisiva la intervención de Pablo VI: la certeza de la Iglesia sobre la fe no nace solo de un libro aislado, sino que tiene necesidad del sujeto Iglesia iluminado por el Espíritu Santo. La Escritura solo se puede leer como Palabra de Dios en la comunión de la Iglesia. (...) Aquí, la aplicación del Concilio todavía no se ha completado, todavía está por hacer.
  5. Finalmente, el ecumenismo. Después del tiempo del nazismo los cristianos pudieron encontrar la unidad, al menos buscar la unidad, pero estaba claro que solo Dios puede dar la unidad. Estamos todavía en este camino.
Segunda parte:
  1. La segunda parte del Concilio fue mucho más amplia. Abría con gran urgencia el tema: mundo de hoy, época moderna e Iglesia. (...) El gran documento Gaudium et spes ha analizado muy bien el problema de la escatología cristiana y el progreso del mundo, entre responsabilidad por la sociedad de mañana y la responsabilidad del cristiano ante la eternidad. Así se renovó la ética cristiana.
  2. [diálogo interreligioso] Desde el principio estaban presentes nuestros amigos ebreos y decían que después del decenio nazista la Iglesia debía pronunciar alguna palabra al respecto. Pero los representantes de los países árabes no estaban felices de esto porque temían una glorificación del Estado de Israel. Dijeron: una indicación verdaderamente teológica sobre el pueblo ebreo es buena y necesaria, pero si hablamos de esto, también del Islam. Solo así estaremos en equilibrio (así nació la declaración Nostra aetate)
  3. Estos dos documentos: libertad religiosa [Dignitatis humanaereclamado por los Estados Unidos] y Nostra aetate, en conexión con Gaudium et spes son una trilogía muy importante. Todavía estamos trabajando para entender mejor esta cuestión entre unicidad de la Revelación de Dios, unicidad del único Dios encarnado en Cristo y la multiplicidad de las religiones, con las cuales buscamos la paz y también el corazón abierto por la luz del Espíritu Santo.
  4. Había el Concilio de los Padres [conciliares] y el Concilio de los media.  El mundo ha percibido el de los media, no el de los padres. Para los media el Concilio fue una lucha política, una lucha de poder entre diversas corrientes de la Iglesia; en la que los propios media tomaban parte. El Concilio virtual era más fuerte que el Concilio real.
  5. Parece que 50 años después aparece el verdadero Concilio con toda su fuerza espiritual. Es nuestro deber en este Año de la fe trabajar para que el verdadero Concilio, con la fuerza del Espíritu, se realice y renueve a la Iglesia.
Después de esto... mejor no pensar qué clase de discurso cabría esperar si lo hubiese preparado. 

¡GRACIAS SANTO PADRE!

Oscar Valado Domínguez
Roma, 15 de febrero de 2013



Benedicto XVI. Punto y final.


Así es, el Papa ni abdica, ni dimite. Renuncia. ¿Y esto es posible? Pues sí, aunque es algo a lo que los pontífices no nos tienen acostumbrados. Según el canon 332 / 2 del Código de Derecho Canónico: "Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie". Y así lo ha hecho.

El 28 de febrero a las 20:00, Benedicto XVI dejará tras de sí ocho años de intenso pontificado. En su inicio, en 2005, dijo: “después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”. Creo que estas palabras resumen perfectamente el carácter de Benedicto XVI.

Suceder a Juan Pablo II no sería tarea fácil, sobre todo por la presión mediática a la que se le sometería en los primeros meses de su pontificado. Se dijeron verdaderas aberraciones, por supuesto, todas infundadas. Lejos del “inquisidor” que nos habían querido vender, nos hemos encontrado con un rostro amable, sonriente, esforzado… me atrevería a decir, incluso, entrañable. Preocupado por los problemas del mundo, por las necesidades de los que sufren, mediador de la paz y, sobre todo, un pastor y un maestro. Aunque más allá de impresiones personales por la simpatía que puede despertar en mí la figura de Benedicto XVI cabe destacar cuestiones más objetivas.

A modo de anécdota, es el primer Papa que retira la tiara de su escudo pontificio, ¿casualidad? No, humildad (así se presentó en su inicio). Ha escrito abundante magisterio del cual cabe destacar sus tres encíclicas: Deus caritas est (2005), la cual está lejos de presentar la doctrina de un papa “inquisidor”, comienza diciendo que “Dios es amor”; Spe salvi (2007), sorprendió a todos por su contenido esperanzador incluso en los momentos en los que la fe parece desaparecer;  Caritas in veritate (2009), en la que retoma el “amor” pero esta vez como fuerza extraordinaria que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en la justicia y en la paz. (todas ellas de recomendable lectura).

No podemos olvidar que Benedicto XVI visitó España en tres ocasiones: Valencia, en el Encuentro Mundial de la Familias (2006); Santiago de Compostela con motivo del Año Santo y Barcelona para la consagración de la basílica de la Sagrada Familia (2010) y, finalmente, a Madrid para presidir la Jornada Mundial de la Juventud (2011). También en 2011, pero ya en el Vaticano, canonizó a su predecesor, Juan Pablo II,  en una multitudinaria ceremonia en la plaza de San Pedro.

Aunque no todo ha sido “vino y rosas”. Benedicto XVI ha tenido que enfrentarse a problemas tan serios como la pederastia. En esta ocasión, como en tantas otras, algunos medios buscaron noticia donde no la había. Y prefirieron meter el dedo en la llaga antes que escuchar ver cómo se estaba respondiendo al problema. Y la respuesta fue: tolerancia cero: “las víctimas deben ser la preocupación principal de la comunidad cristiana, y debe ir de la mano de una profunda renovación de la Iglesia a todos los niveles”. A todo esto se le suman las últimas andanzas de su entorno: la cuestión de Paoleto, de Vatileaks, también han mermado la salud y las fuerzas de Benedicto XVI.

El mismo Papa que fue tachado de “conservador” sería el que buscase sin cesar, una y otra vez, la unidad con pluralidad. La aprobación del rito extraordinario de celebrar la misa suscitó muchísimas polémicas, pero fue un “tender la mano” a la Fraternidad de San Pío X. La creación del Ordinariato anglocatólica ha sido acoger con los brazos abiertos en el seno de la Iglesia Católica a miles de sacerdotes anglicanos.  Tampoco podemos olvidar su impulso al diálogo ecuménico, o su interés por la paz en los Encuentros interreligiosos por la paz en Asís, pero claro, esto nunca es noticia. Así es Benedicto XVI, un simple y humilde trabajador que no espera que le reconozcan nada.

Por último, y no por eso menos importante, ha sido un papa creativo. Las nuevas tecnologías han sido una de las grandes novedades de su pontificado. Hemos visto imágenes de él con un iPad, o en Twitter… quizás parezca anecdótico, pero en definitiva, ha sido una muestra más de que pese a su edad buscaba hacerse presente entre los más jóvenes. A esta creatividad se le suma su interés por la nueva evangelización y su deseo por hacer llegar a todos los hombres y mujeres la Buena Noticia, Jesucristo.

Un pontificado bueno, muy bueno. Llegó con humildad y se fue con humildad. Eso sí, dejando un legado del que nos seguiremos nutriendo durante años.

Ver artículo en Faro de Vigo.
 Oscar Valado
Roma,  13 de febrero de 2013

El Papa renuncia

Según el canon 332 / 2 del Código de Derecho Canónico: "Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie". Y así lo ha anunciado:


Queridísimos hermanos,

Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino.

Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado.

Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Obviamente, la falta de precedentes próximos de una "renuncia papal" ha provocado un revuelo nunca visto. Hace ocho años vivimos la elección de un pontífice (el actual Benedicto XVI) más mediática de la historia. En esta ocasión, las redes sociales: WhatsApp, Twitter, Facebook... han sido clave. Yo mismo me enteré por un WhatsApp, y como yo... millones de personas. En menos de una hora las inmediaciones de San Pedro eran un hervidero de medios de comunicación de todo el mundo: unidades móviles, cámaras, platós improvisados, reporteros, etc.

Pero tampoco debería ser algo completamente novedoso porque la declaración del Papa es coherente con lo que había declarado en el libro entrevista Luz del mundo de Peter Seewald, en el que hay dos preguntas precisas que se refieren a la hipótesis de la dimisión.

El 28 de febrero a las 20:00 comenzará el proceso de elección del nuevo pontífice porque la Sede estará vacante.
Oscar Valado 
Roma, 11 de febrero de 2013


INOLVIDABLE 6N


© Fotografía: Miguel Castaño
Tal día como hoy, 6 de noviembre, se cumplen dos años de la visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela como "Peregrino de la fe" en el Año Santo Compostelano 2010. En la memoria de los que allí pudimos estar permanece el recuerdo imborrable de un acontecimiento histórico. Un verdadero regalo del Señor.

La música también se hizo presente. En primer lugar el día 5 por la noche tuvimos ocasión de orar por el sucesor de Pedro en una hermosa vigilia en la iglesia de San Francisco, y un nutrido grupo de jóvenes de diferentes parroquias de la diócesis ayudó a animar aquel momento tan especial de oración.
Ver fotografías AQUÍ.

El día 6, en la Plaza del Obradoiro tuvo lugar la celebración eucarística presidida por el Santo Padre... y ¿qué decir? aún me emociono al pensar que he tenido la suerte de cantar el evangelio en esa celebración. De vez en cuando veo este vídeo que me envió hace tiempo un buen amigo y recuerdo los nervios que pasé en aquel momento. Pero... mereció la pena!



© Fotografía: Osservatore Romano

Aquellos días fueron días intensos que dieron fruto abundante. Un grupo de 500 jóvenes voluntarios,  los voluntarios del 6N, que con un corazón generoso y con mucho amor al Papa hicieron todo lo posible para que ese 6 de noviembre de 2010 fuese inolvidable para muchísimas personas.

© Fotografía: Iván Castelo - La Voz de Galicia
Gracias Santo Padre.
¡Gracias Señor!

Para ver todas las fotos oficiales del viaje pincha AQUÍ

Fue un día espléndido, by BXVI.

Para ver todas las fotos oficiales del
Concilio Vaticano II pincha AQUÍ.
Inédito del Santo Padre Benedicto XVI
Publicado con ocasión del 
50 aniversario de la inauguración 
del Concilio Vaticano II

Fue un día espléndido aquel 11 de octubre de 1962, en el que, con el ingreso solemne de más de dos mil padres conciliares en la basílica de San Pedro en Roma, se inauguró el concilio Vaticano II. En 1931 Pío XI había dedicado este día a la fiesta de la Divina Maternidad de María, para conmemorar que 1500 años antes, en 431, el concilio de Éfeso había reconocido solemnemente a María ese título, con el fin de expresar así la unión indisoluble de Dios y del hombre en Cristo. El Papa Juan XXIII había fijado para ese día el inicio del concilio con la intención de encomendar la gran asamblea eclesial que había convocado a la bondad maternal de María, y de anclar firmemente el trabajo del concilio en el misterio de Jesucristo. Fue emocionante ver entrar a los obispos procedentes de todo el mundo, de todos los pueblos y razas: era una imagen de la Iglesia de Jesucristo que abraza todo el mundo, en la que los pueblos de la tierra se saben unidos en su paz.

Fue un momento de extraordinaria expectación. Grandes cosas debían suceder. Los concilios anteriores habían sido convocados casi siempre para una cuestión concreta a la que debían responder. Esta vez no había un problema particular que resolver. Pero precisamente por esto aleteaba en el aire un sentido de expectativa general: el cristianismo, que había construido y plasmado el mundo occidental, parecía perder cada vez más su fuerza creativa. Se le veía cansado y daba la impresión de que el futuro era decidido por otros poderes espirituales. El sentido de esta pérdida del presente por parte del cristianismo, y de la tarea que ello comportaba, se compendiaba bien en la palabra “aggiornamento” (actualización). El cristianismo debe estar en el presente para poder forjar el futuro. Para que pudiera volver a ser una fuerza que moldeara el futuro, Juan XXIII había convocado el concilio sin indicarle problemas o programas concretos. Esta fue la grandeza y al mismo tiempo la dificultad del cometido que se presentaba a la asamblea eclesial.

Los distintos episcopados se presentaron sin duda al gran evento con ideas diversas. Algunos llegaron más bien con una actitud de espera ante el programa que se debía desarrollar. Fue el episcopado del centro de Europa —Bélgica, Francia y Alemania— el que llegó con las ideas más claras. En general, el énfasis se ponía en aspectos completamente diferentes, pero había algunas prioridades comunes. Un tema fundamental era la eclesiología, que debía profundizarse desde el punto de vista de la historia de la salvación, trinitario y sacramental; a este se añadía la exigencia de completar la doctrina del primado del concilio Vaticano I a través de una revalorización del ministerio episcopal. Un tema importante para los episcopados del centro de Europa era la renovación litúrgica, que Pío XII ya había comenzado a poner en marcha. Otro aspecto central, especialmente para el episcopado alemán, era el ecumenismo: haber sufrido juntos la persecución del nazismo había acercado mucho a los cristianos protestantes y a los católicos; ahora, esto se debía comprender y llevar adelante también en el ámbito de toda la Iglesia. A eso se añadía el ciclo temático Revelación – Escritura – Tradición – Magisterio. Los franceses destacaban cada vez más el tema de la relación entre la Iglesia y el mundo moderno, es decir, el trabajo en el llamado Esquema XIII, del que luego nació la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual. Aquí se tocaba el punto de la verdadera expectativa del Concilio. La Iglesia, que todavía en época barroca había plasmado el mundo, en un sentido lato, a partir del siglo XIX había entrado de manera cada vez más visible en una relación negativa con la edad moderna, sólo entonces plenamente iniciada. ¿Debían permanecer así las cosas? ¿Podía dar la Iglesia un paso positivo en la nueva era? Detrás de la vaga expresión “mundo de hoy” está la cuestión de la relación con la edad moderna. Para clarificarla era necesario definir con mayor precisión lo que era esencial y constitutivo de la era moderna. El “Esquema XIII” no lo consiguió. Aunque esta Constitución pastoral afirma muchas cosas importantes para comprender el “mundo” y da contribuciones notables a la cuestión de la ética cristiana, en este punto no logró ofrecer una aclaración sustancial.

Benedicto XVI y la Música Sacra


En ocasiones bromeo con algunos de mis compañeros sacerdotes diciendo que los que nos dedicamos a la liturgia y a la música nos hemos confundido de "especialidad", porque por las cosas que se leen, que se comentan y se pontifican... parece que todo el mundo sabe del tema en cuestión. Sin embargo, como en tantas otras facetas de la vida, se tiene información... pero se carece de formación; esto da lugar a la "opinión" (que en el orden del saber es el nivel inferior - doxa) y en consecuencia a una subjetivización del tema: a mi me gusta... a mi no me gusta. Provocando así verdaderos enfrentamientos.

Dicho todo esto... cómo proceder? Dos posibilidades:

1. Posicionarnos caprichosamente en función de nuestra afinidad litúrgico-musical (que en mi humilde opinión sería un insulto a la inteligencia).
2. Preocuparnos por conocer el tesoro sacro-musical que hemos heredado, las indicaciones que propone la Iglesia (Madre y Maestra), así como las actualizaciones para las diferentes realidades... en una palabra: FORMARNOS (¡me quedo con esta!)

Dicho todo esto, me he propuesto traer al blog aportaciones que hacen especialistas en la materia para que nos ayuden a saborear la riqueza de la música sacra y así poder convertirla en verdadera liturgia.

Comenzaré esta nueva sección con Ramón Saiz-Pardo Hurtado, sacerdote y profesor en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), donde imparte el curso "La música litúrgica: estudio teológico" en el bienio de licenciatura de Teología Litúrgica. Ha realizado estudios de órgano y musicología en el Pontificio Instituto de Música Sacra (PIMS), su tesis doctoral tiene como objeto el jesuita p. Angelo De Santi, personaje clave de la reforma de la música sacra en Italia entre los ss. XIX y XX, así como para comprender el Motu Proprio de Pío X que dio lugar a la gran reforma de la música sacra a comienzos del siglo XX. Esto lo hace profundo conocedor de la evolución que ha sufrido la música a lo largo de estos poco más de cien años.

Desde las nociones fundamentales de fe, diálogo, belleza... (sin olvidarse de los criterios prácticos) nos facilita una relectura del pensamiento del Benedicto XVI sobre la "cuestión musical" que ha plasmado en un artículo publicado en  la Revista Palabra: La música misma es liturgia. Consideraciones acerca de la música litúrgica a partir de los textos de Benedicto XVI - Joseph Ratzinger. (noviembre de 2011). Y que el Osservatore Romano ha publicado en italiano con el título: Il canto che riposa nel fondo delle cose (8 diciembre de 2011).

El artículo es altamente recomendable
(puedes descargar el PDF pinchando en el título)
Oscar Valado
Roma,  26 de abril de 2012

El Papa, la Palabra y un diácono...


Tal día como hoy muchos estábamos viviendo la maravillosa "resaca" de la visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela. Me permito plagiarme a mi mismo y comparto con vosotros un articulillo que escribí por petición de D. Casimiro (Párroco de Mugardos y Mehá) sobre mi experiencia como diácono en aquella inolvidable celebración.

El Papa, la Palabra y un diácono.

      Con este título… ¿qué cabe esperar de este breve artículo? ¿será el título de un cuento? ¿será un juego de palabras? Posiblemente sea lo uno y lo otro.

      “El Papa”, seguro que todos lo conocen, incluso los más alejados. “La Palabra”, referido a la “Palabra de Dios” es una expresión para todos familiar; pero “un diácono” quizás sea el término más desconocido de estos tres. Por eso, me detendré un instante en él. Un diácono (servidor) es un varón que participa del Sacramento del Orden por la imposición de manos de un obispo, recibiendo un ministerio ordenado; se identifica porque viste la estola cruzada sobre el pecho en diagonal hasta la cintura y no sobre los hombros, como habitualmente la visten los sacerdotes. Entre sus funciones están las de bendecir, bautizar, presidir el sacramento del matrimonio… pero sobre todo, estar al servicio de la Palabra, es decir, proclamarla al Pueblo de Dios y predicarla. Es decir, estar al servicio de Jesucristo, proclamarlo al Pueblo de Dios y Predicarlo; así es, la Palabra es Jesucristo, ya nos lo decía el evangelista san Juan al comienzo de su Evangelio: “al principio era la Palabra y la Palabra era Dios” (Jn 1,1).

        Sin duda, una imagen vale más que mil palabras…Yo soy diácono, un sencillo diácono, indigno de un don tan generoso, pero el Señor ha querido que viviese un hermoso cuento… la gran suerte de ejercer mi ministerio de proclamar la Palabra de Dios el día 6 de noviembre de 2010 en la Plaza del Obradoiro en la celebración que presidió S.S. Benedicto XVI. De este modo, quizás comiencen a comprender el porqué de este título.

         En los años de formación en el seminario la Palabra de Dios está muy presente: en la liturgia, en la oración, en el ámbito académico, etc. Pero, en ocasiones, un hecho extraordinario te hace valorar más lo ordinario.

      Cuando vi la foto que ustedes están viendo ahora me pareció muy significativa porque el centro no es el Papa, ni si quiera el “diácono”, el centro es la Palabra (Jesucristo) que la Iglesia, representada en el Papa, le entrega a un diácono para que la proclame al Pueblo de Dios y así ejerza su ministerio. De este modo, se puede entender la relación jerárquica existente entre el Papa, sucesor de Pedro, y sus colaboradores. Uno puede percibir en la mirada humilde de su Pastor las palabras del Señor: “ya no os llamo siervos […] a vosotros os llamo amigos” (Lc 15,15). Eso es lo que experimenté yo, una mirada penetrante, dócil, amable y cariñosa que no me ha dejado indiferente; más bien todo lo contrario, me ayuda a vivir con mayor ilusión esas palabras que nos ha dirigido a los diáconos y sacerdotes en su última Exhortación Apostólica Verbum Domini: “quienes por ministerio específico están encargados de la predicación han de tomarse muy en serio esta tarea […] Debe quedar claro a los fieles que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda predicación”. (Verbum Domini 59).

Que todos podamos experimentar esta necesidad, que Cristo sea el centro de nuestra vida.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...