La Navidad


Origen y significado

1. La "Navidad" fue ignorada por los cristianos de los tres primeros siglos; ya que lo único que celebraban era la muerte y resurrección de Cristo, el "Misterio pascual", cada domingo.

2. Este desinterés, curiosamente, surge por el desconocimiento de la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Pero muy pronto cayeron en la cuenta que un acontecimiento salvador de primer orden como la Encarnación de Dios bien merecía una conmemoración.

3. La introducción de esta fiesta litúrgica se produjo de manera diversa en Oriente y en Occidente; pero en ambos casos tuvo origen en unas fiestas paganas en honor del Sol.

4. El primer testimonio de la fiesta del nacimiento de Cristo fijada en el 25 de diciembre se remonta al Calendario llamado filocaliano (año 354).

5. Dos circunstancias determinaron la instauración de la fiesta: a) el desarrollo del dogma Cristológico ("Plena manifestación de la divinidad en la humanidad de Jesús - Concilio de Nicea, año 325); b) el hecho de que el en el mundo pagano el 25 de diciembre se celebraba el "Natalis Solis invicti" (solsticio de invierno, cuando los días vuelven a alargarse), y el interés del emperador Constantino por unir el culto solar con el culto cristiano. 


Características y peculiaridades de este tiempo

1. Las Normas Universales sobre el Año Litúrgico aprobadas por el Beato Pablo VI en 1969 describen así la Navidad: "Después de la celebración anual del misterio pascual la Iglesia tiene como lo más venerable el hacer memoria de la Natividad del Señor y de sus primeras manifestaciones: esto es lo que hacemos en el tiempo de Navidad que va desde las primeras vísperas de la Natividad del Señor hasta el domingo después de Epifanía. La Misa de la Vigilia de Navidad se celebra la tarde del día 24 de diciembre, ya sea antes o después de las primeras vísperas. El día de Navidad se pueden celebrar tres Misas: según la antigua tradición romana, es decir, en la noche [misa del gallo], a la aurora y en el día".

Por la importancia del misterio que celebramos en Navidad se incluyen ocho días de fiesta (octava), como en la Pascua, ordenada de este modo:
a) El domingo dentro de la octava, o, si no lo hay, el 30 de diciembre, se celebra la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José.
b) El día 26 de diciembre es la fiesta de San Estaban, el primer mártir.
c) El día 27 de diciembre es la fiesta de San Juan, Apóstol y evangelista.
d) El día 28 de diciembre es la fiesta de los Santos Inocentes.
e) Los días 29, 30 y 31 son días de la octava.
f) El día 1 de enero, octava de Navidad, es la solemnidad de Santa María Madre Dios, en la que se conmemoraba también la imposición del Nombre de Jesús (ahora se ha trasladado al 3 de enero).
El domingo entre el 2 y el 5 de enero es el domingo II después de Navidad.
El domingo después del 6 de enero se celebra la fiesta del Bautismo del Señor y con él finaliza el tiempo litúrgico de Navidad.

2. Durante el tiempo de Navidad, es costumbre, al finalizar la misa, "adorar" al Niño. Esta práctica tradicionalmente se prolonga hasta la Epifanía del Señor (6 de enero).

3. El color litúrgico de la Navidad es el blanco; y se nos invita a celebrar este tiempo con la mayor solemnidad posible: ornamentos apropiados, flores para embellecer el presbiterio, música adecuada.

4. Las costumbres más populares y familiares que rodean la Navidad y la Epifanía (Reyes): belén, árbol de Navidad, villancicos, cabalgatas, regalos... no tienen que banalizar la fiesta, sino hacerla más humana y alegre, en equilibrio con la fe que celebramos.


Repertorio musical en Navidad

1. Al celebrar la liturgia el "magno y admirable misterio" del Dios hecho hombre por nosotros debemos cantar –no sólo con villancicos– la Navidad; es decir, debemos utilizar cantos con texto y música apropiados. Dejando algunos villancicos populares fuera de la liturgia por su contenido. 

2. Importancia del "propio":
- El canto de entrada debe introducirnos en el Misterio que celebramos
- El Salmo (como de costumbre, el del día)
- En la presentación de dones (ofertorio) y en la comunión podemos hacer uso de un repertorio navideño apropiado, en consonancia con los textos bíblicos.

3. Peculiaridades del "ordinario": se vuelve a entonar el Gloria, que es el gran himno de Navidad.

4. Al finalizar la celebración se puede hacer uso de villancicos apropiados para la adoración del Niño; es decir, que su contenido sea de tipo religioso y nos haga contemplar y aclamar el misterio que celebramos.




Canto de entrada para Navidad

En el año 2000 la Conferencia Episcopal Española publicó "Cantos de entrada para los tiempos litúrgicos", ante la dificultad de que en muchas comunidades se cantasen las antífonas propias para cada día, así como ante la proliferación de cantos "poco litúrgicos". En este caso, el canto que se propone para la procesión de entrada durante el tiempo de Navidad es  HOY LA PAZ BAJÓ DEL CIELO, haciendo uso de lo que se propone en el número 48 de la Ordenación General del Misal Romano:

47. Estando el pueblo reunido, cuando avanza el sacerdote con el diácono y con los ministros, se da comienzo al canto de entrada. La finalidad de este canto es abrir la celebración, promover la unión de quienes se están congregados e introducir su espíritu en el misterio del tiempo litúrgico o de la festividad, así como acompañar la procesión del sacerdote y los ministros.

48. Se canta, o alternándolo entre los cantores y el pueblo o, de igual manera, entre un cantor y el pueblo, o todo por el pueblo, o todo por los cantores. Se puede emplear, o bien la antífona con su salmo como se encuentra en el Graduale Romanum o en el Graduale simplex, o bien otro canto que convenga con la índole de la acción sagrada, del día o del tiempo litúrgico, cuyo texto haya sido aprobado por la Conferencia de los Obispos.

Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector, leerán la antífona propuesta en el Misal, o si no el mismo sacerdote, quien también puede adaptarla a manera de monición inicial (cfr. n. 31).

Ver vídeo en YouTube


Comentario al texto del canto:

Aunque no faltan acentos de ternura en al contemplación del misterio de la Navidad, debemos decir que la liturgia no se acerca a este acontecimiento con el sentimentalismo que invade cierta religiosidad popular. El acercamiento parte de la fe y en esta fe se expresa, tanto la adoración del misterio del Verbo encarnado como la certeza de que la Navidad se proyecta y nos lleva de la mano a la luz y a la realidad del misterio pascual. Navidad es el inicio de la redención salvadora, porque el Verbo ha salvado lo que ha asumido.

El canto de entrada es un mosaico de citas bíblicas que recogen en síntesis el contenido teológico de la Navidad. Se afirma el hoy del misterio; el anuncio de la paz en aquél que es el Príncipe de la paz desde el día de su nacimiento: es la luz que viene de lo alto y comienza a iluminar a los que viven en tinieblas y su resplandor llegará a su máximo esplendor en el día de la Resurrección. Navidad es el gozoso anuncio, el evangelio de una gran alegría que se proclama de monte a monte y de collado en collado. Navidad es cántico nuevo de una nueva humanidad fundada en la paz y en la justicia, en la luz y en la alegría. Navidad es el don de Dios a la humanidad y es el hombre que ofrece a Dios los frutos de este gran don.

Música del canto:

La música de la antífona no pertenece al género "Villancico", sino que es un coral típico con una armonía vertical en función del texto. 

Está introducida solemnemente por el órgano. Musicalmente se resalta el "Hoy" de la liturgia con el que comienzan los dos primeros versos y concluyen con la alegría de la creación entera en una cadencia perfecta: "canta el cielo con los hombres la salvación de nuestro Dios". 

Los ocho versos se pueden interpretar aisladamente, o bien de dos en dos, como en la grabación: la primera con voces femeninas y la segunda con voces graves.

¡Descargar partituras!

Prefacios de Navidad

 PREFACIO I DE NAVIDAD

CRISTO, LUZ DEL MUNDO

37. Este prefacio se dice en las misas del día de Navidad y de su octava; durante la octava, se dice incluso en aquellas misas que, si se celebran en otro tiempo, tendrían prefacio propio, a no ser que se trate de la misa de un misterio o Persona divina, que tiene prefacio propio. También se dice en las ferias del tiempo de Navidad.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque, gracias al misterio del Verbo hecho carne,
la luz de tu gloria brilló ante nuestros ojos con nuevo resplandor,
para que, conociendo a Dios visiblemente,
él nos lleve al amor de los invisible.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo... 



PREFACIO II DE NAVIDAD

LA RESTAURACIÓN DEL UNIVERSO EN LA ENCARNACIÓN

38. Este prefacio se dice en las misas del día de Navidad y de su octava; durante la octava, se dice incluso en aquellas misas que, si se celebran en otro tiempo, tendrían prefacio propio, a no ser que se trate de la misa de un misterio o Persona divina, que tiene prefacio propio. También se dice en las ferias del tiempo de Navidad.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque en el misterio santo que hoy celebramos,
el que era invisible en su naturaleza
se hace visible al adoptar la nuestra;
el Eterno, engendrado antes del tiempo,
comparte nuestra vida temporal
para reconstruir todo el universo al asumir en sí todo lo caído,
para llamar de nuevo al reino de los cielos al hombre descarriado.

Por eso, te alabamos con todos los ángeles,
aclamándote llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo... 


PREFACIO III DE NAVIDAD

EL INTERCAMBIO REALIZADO EN LA ENCARNACIÓN DEL VERBO

39. Este prefacio se dice en las misas del día de Navidad y de su octava; durante la octava, se dice incluso en aquellas misas que, si se celebran en otro tiempo, tendrían prefacio propio, a no ser que se trate de la misa de un misterio o Persona divina, que tiene prefacio propio. También se dice en las ferias del tiempo de Navidad.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Por él, hoy resplandece el maravilloso intercambio de nuestra redención:
porque, al asumir tu Verbo nuestra debilidad,
no solo asume dignidad eterna la naturaleza humana,
sino que esta unión admirable nos hace a nosotros eternos.

Por eso, unidos a los coros angélicos,
te alabamos proclamando llenos de alegría:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.



Antífonas de la "O"

El 17 de diciembre comienza el septenario (7 días previos) de la gran solemnidad de Navidad. Por ello, me gustaría comentar una GENIALIDAD del canto gregoriano para este tiempo inmediato a la Navidad. 

Existen 7 antífonas, una para cada día (del 17 al 23 de diciembre). Estas antífonas preceden al canto del Magníficat, es decir, están enmarcadas en el rezo de vísperas. La peculiaridad de estas antífonas es que todas comienza con la exclamación "O", por eso se llaman las Antífonas "O" ¿cuál es la devoción mariana que nos habla de la esperanza, de la espera, de la expectación tan propia del tiempo de Adviento? La virgen del "O". Curioso, verdad? Prosigamos.

A la exclamación "O" le siguen en cada una de las antífonas los títulos mesiánicos tomados del Antiguo Testamento. Es una aclamación a Jesús el Mesías. 


O Sapientia...  Oh sabiduría, Palabra
O Adonai... Oh Señor
O Radix Iesse... Oh raíz -renuevo- de Jesé (padre de David)
O Clavis David... Oh llave de David
O Oriens... Oh oriente -sol, luz-
O Rex gentium... Oh rey de los pueblos
O Emmanuel... Oh Dios-con-nosotros.

Leído como un acróstico de abajo a arriba resulta: "ERO CRAS" que quiere decir SERÉ o VENDRÉ MAÑANA, como si el mismo Jesús anunciase su venida con palabras dichas de su propia boca. Y es así, si leemos de arriba a abajo podemos leer "SARC (del griego sark) ORE" que se puede traducir por "carne con boca" o "carne por boca", es decir, Jesucristo, Palabra hecha carne se pronuncia con su propia boca. ¿Qué gran misterio celebramos si no en Navidad? El mismo Dios se ha hecho carne y tendremos ocasión de escuchar su palabra pronunciada por su propia boca.

¿Cómo se puede decir tanto con tan poco? Por algo "la Iglesia reconoce el gregoriano como canto propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por lo tanto, se le debe otorgar el primer lugar en las acciones litúrgicas" (Sacrosanctum Concilium 116).

Esta semana podremos "saborear" estas antífonas. Esta es la primera:

Antifona I – 17 de diciembre.

O SAPIENTIA, quae ex ore Altissimi prodiisti,
attingens a fine usque ad finem fortiter suaviterque disponens omnia:
veni ad docendum nos viam prudentiae.

Oh Sabiduría que sales de la boca del Altísimo (Eclesiástico 24, 3),
te extiendes hasta los confines del mundo y dispones todo con suavidad y firmeza (Sabiduría 8, 1):
ven a enseñarnos el camino de la prudencia (Proverbios 9, 6).

Los prefacios de Adviento


Los prefacios de Adviento contienen una gran riqueza teológica, ya que en ellos se pueden observar las peculiaridades más significativas de este tiempo de preparación para la Navidad, ya sea por su carácter escatológico que pone la mirada en la última venida de Cristo al final de los tiempos (prefacios I y III); la importancia de los personajes más significativos (Isaías, Juan Bautista y María): "A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esperó con inefable amor de madre, Juan lo proclamó ya próximo y señaló después entre los hombres" (prefacio II); o la preparación inminente de la Navidad cuyo papel protagonista recae sobre la Virgen María (prefacio IV).

 PREFACIO I DE ADVIENTO

LAS DOS VENIDAS DE CRISTO

33. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre, y en las restantes misas que se celebran durante este mismo tiempo y no tienen prefacio propio.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Quien, al venir por vez primera en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación eterna,
para que cuando venga de nuevo en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra,
podamos recibir los bienes prometidos
que ahora, en vigilante espera, confiamos alcanzar.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: 



PREFACIO II DE ADVIENTO

LA DOBLE EXPECTACIÓN DE CRISTO

34. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el 17 al 24 de diciembre, y en las restantes misas que se celebran durante este mismo tiempo y no tienen prefacio propio.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

A quien todos los profetas anunciaron,
la Virgen esperó con inefable amor de madre,
Juan lo proclamó ya próximo
y señaló después entre los hombres.
El mismo Señor nos concede ahora prepararnos con alegría
al misterio de su nacimiento,
para encontrarnos así, cuando llegue,
velando en oración y cantando su alabanza.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria: 



PREFACIO III DE ADVIENTO

CRISTO, SEÑOR Y JUEZ DE LA HISTORIA

35. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el primer domingo de Adviento hasta el día 16 de diciembre, y en las restantes misas que se celebran durante este mismo tiempo y no tienen prefacio propio.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo darte gracias,
es nuestro deber cantar en tu honor
himnos de bendición y de alabanza,
Padre todopoderoso, principio y fin de todo lo creado.

Tú nos has ocultado el día y la hora
en que Cristo, tu Hijo,
Señor y Juez de la historia,
aparecerá revestido de poder y de gloria,
sobre las nubes del cielo.

En aquel día terrible y glorioso
pasará la figura de este mundo
y nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva.

El mismo Señor que se nos mostrará entonces lleno de gloria
viene ahora a nuestro encuentro
en cada hombre y en cada acontecimiento,
para que lo recibamos en la fe
y por el amor demos testimonio
de la esperanza dichosa de su reino.

Por eso, mientras aguardamos su última venida,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:


PREFACIO IV DE ADVIENTO

MARÍA, NUEVA EVA

36. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el 17 al 24 de diciembre, y en las restantes misas que se celebran durante este mismo tiempo y no tienen prefacio propio.

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo darte gracias,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos
por el misterio de la Virgen Madre.
Porque, si del antiguo adversario nos vino la ruina,
en el seno virginal de la hija de Sion ha germinado
aquel que nos nutre con el pan de los ángeles,
y ha brotado para todo el género humano
la salvación y la paz.

La gracia que Eva nos arrebató
nos ha sido devuelta en María.
En ella, madre de todos los hombres,
la maternidad, redimida del pecado y de la muerte,
se abre al don de una vida nueva.

Así, donde había crecido el pecado,
se ha desbordado tu misericordia
en Cristo, nuestro Salvador.

Por eso nosotros,
mientras esperamos la venida de Cristo,
unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos el himno de tu gloria:






Azul inmaculada


Fotografía © Miguel Castaño
En este blog acostumbro a escribir sobre música y liturgia, así que incluyo aquí la colaboración –más que interesante– de D. José María Ripoll, compañero sacerdote de mi diócesis.

Es una escena habitual el que en muchas de nuestras parroquias, en el día celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción vemos emplear -allí donde los hay- ornamentos de color azul celeste y escuchar durante la homilía la explicación de que tal color se debe a un privilegio concedido a España en el siglo XIX por la ancestral defensa que nuestra nación ha hecho de ese dogma. Es conveniente recordar algunos pormenores del uso de este privilegio pues resulta cada vez más frecuente ver como este color -debido sin duda al celo mariano- es usado para celebrar otras advocaciones de la Santísima Virgen.

Lo primero que hemos que precisar es que el color azul, como tal, no es un color litúrgico. En efecto, son colores litúrgicos todos y solo aquellos que se prescriben en el punto 346 de la actual Instrucción General del Misal Romano, a saber, el blanco, el verde, el rojo, el morado, el negro y el rosado. El color azul es, hablando en puridad, un privilegio litúrgico. Esta distinción no es quisquillosa ni rebuscada, dado que según un venerable principio litúrgico, "todo aquello que en la liturgia no es obligatorio, está prohibido". El sentido del privilegio litúrgico es precisamente ser una excepción a una ley general, privilegio concedido por la Santa Sede de lo cual puede hacerse uso o no; esto es lo que lo distingue esencialmente de los colores litúrgicos facultativos como el rosáceo o el negro, que no constituyen excepciones, sino posibilidades ad libitum pero que figuran explícitamente en el conjunto de normas litúrgicas de la Iglesia.

El privilegio de poder emplear el color azul no es, sin embargo, el único concedido a España. Existe un breve pontificio, Ad hoc nos, rubricado por San Pío V (al que se añade el Pastoralis officii de Gregorio XIII) en el que se compendian todos los privilegios litúrgicos otorgados a nuestra nación, muchos de los cuales si bien han caído en desuso no debería ser óbice para conocerlos. Tales privilegios son el fruto de centenarias costumbres litúrgicas españolas -y no tanto una concesión graciosa en recompensa a determinados "méritos" como en ocasiones parece interpretarse- que recibieron tal reconocimiento después de haber sido solicitada la continuación de tales usos. Algo semejante ha sucedido con el color azul, que aún antes de la concesión del privilegio se habría comenzado a ser utilizar. Su uso resulta muy anterior a la misma proclamación del dogma por parte de Pío IX; por lo que parece,se comenzaría a utilizar en Sevilla al menos a raíz de la polémica entre maculistas e Inmaculistas en el siglo XVII. El primer reconocimiento de la posibilidad de usar este color tendría lugar en 1817, cuando Pío VII concedió su uso a la catedral de Sevilla para la fiesta de la Inmaculada y su octava. En 1879 la Sagrada Congregación de Ritos extendería este permiso a toda la archidiócesis hispalense. Finalmente el doce de febrero de 1883 según decreto promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos se concede su uso las diócesis españolas y sus territorios para la solemnidad de la Inmaculada, su octava, y las misas votivas. Desde la supresión de la octava de la Inmaculada ya en el misal promulgado por Juan XXIII en 1962 acorde a las rúbricas de la instrucción Rubricarum instructum, el color azul queda reducido a la solemnidad de la Inmaculada y a las misas votivas de la Inmaculada. Y para las diócesis españolas, según lo que hemos indicado más arriba, cualquier otro uso está prohibido. No pensemos, sin embargo, que es nuestro país el único en el que veremos emplear vestiduras azules. Los antiguos territorios del Reino de Baviera (actual Estado Libre de Baviera) lo tiene concedido para la festividad de Santa María Reina y en Portugal para las fiestas de la Inmaculada y la Asunción. En todo caso, el uso abusivo de este color fuera de las fechas para las que está concedido supone desdibujar su sentido y el origen del privilegio: la devoción multisecular del pueblo español a la Inmaculada y la defensa del dogma. Fue precisamente en la archidiócesis de Sevilla, en el convento de San Antonio de Padua donde se conservarían -según la tradición- los más antiguos ornamentos confeccionados en color azul para celebrar a la Inmaculada.

Y es un color muy a propósito para celebrar este misterio. Es el azul quizá el más inmaterial y profundo de los colores. Recuerda al cielo, al agua, al aire, al cristal; Por eso también se habría usado en la liturgia cristiana medieval durante el tiempo de Pentecostés pues el símbolo del Espíritu Santo es el aire, el más inmaterial de los elementos, pues "Spiritus ubi vult, spirat". El azul intenso quiere expresar de este modo el desapego a los valores mundanos y la ascensión del alma que tiende hacia lo divino, como nos enseña Efrén el Sirio : “Hoy María se ha hecho cielo y ha traído a Dios, porque en Ella ha descendido la excelsa divinidad y ha hecho morada."Por eso, junto al blanco, es el color de la Inmaculada Concepción. Representa ese encuentro del cielo con la tierra en las Virgen ya concebida sin mancha, que anuncia esa fusión del cielo y la tierra, las dos partes del eje cósmico, unidos para acoger esa autocomunicación divina, y así se expresa de manera elocuente que Dios Padre ante la previsión de los méritos de María la haya querido adornar con este singularísimo privilegio.




La Corona de Adviento

En los últimos años se ha extendido la costumbre de colocar en nuestras iglesias la "corona del Adviento" o "corona de las luces de Adviento" pese a nos ser preceptiva, es decir, obligatoria. Esta tradición del Norte de Europa tiene un interesante carácter simbólico y catequético, aunque no se menciona en la Introducción General del Misal Romano, tampoco en el Ceremonial de obispos, donde en muchas ocasiones encontramos aclaraciones que no encontramos en los libros litúrgicos; sin embargo, sí se encuentra una referencia explícita en el Bendicional (nn. 1235-1242). En él se explica el sentido y el significado de la "corona" y dos modelos para su bendición: en el hogar familiar o en la iglesia.

1) Tener una corona en el hogar es una buena ocasión para orar en familia y prepararse conjuntamente para la Navidad. Este es uno de los casos en los que el padre o la madre de familia puede realizar la bendición. 

2) En el caso de hacerlo en la iglesia, ya que no es preceptivo, es recomendable que sea en la misa del domingo I de Adviento, justo después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial. Esto último no quiere decir que se omita el señor ten piedad (ver en este mismo blog la entrada del Señor, ten piedad). Otra opción sería bendecirla en las I vísperas del I Domingo de Adviento. En el momento de encender las velas que correspondan se puede entonar un canto apropiado, como por ejemplo, el salmo 26 (27) - El Señor es mi luz y mi salvación.  

Con respecto al color de las velas de la corona no hay nada dispuesto, pero el sentido común nos lleva a poner las cuatro de color blanco (color habitual de las velas que utilizamos) o, incluso, tres moradas y una rosa, correspondiendo con el color litúrgico de cada domingo, respetando el rosa para el domingo Gaudete o domingo III de Adviento. 

CAPÍTULO XXXVII

BENDICIÓN DE LA CORONA DE ADVIENTO


1235. La «Corona de Adviento» o «Corona de las luces de Adviento» es un signo que expresa la alegría del tiempo de preparación a la Navidad. Por medio de la bendición de la corona se subraya su significado religioso.

1236. La luz indica el camino, aleja el miedo y favorece la comunión. La luz es un símbolo de Jesucristo, luz del mundo. El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona muestra la ascensión gradual hacia la plenitud de la luz de Navidad. El color verde de la corona significa la vida y la esperanza.

1237. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de la esperanza de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte. Porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre por nosotros, y con su muerte nos ha dado la verdadera vida.

I. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA FAMILIA

1238. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

R/.   Que hizo el cielo y la tierra.

Monición introductiva

El ministro introduce la celebración con estas palabras u otras semejantes:

Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza.

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad.

1239. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Is 60, 1: ¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!

1240. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
LA tierra, Señor, se alegra en estos días, 
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, 
que se avecina como luz esplendorosa, 
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas 
de la ignorancia, del dolor y del pecado. 
Lleno de esperanza en su venida, 
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque 
y la ha adornado con luces. 
Ahora, pues, que vamos a empezar 
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, 
te pedimos, Señor, 
que, mientras se acrecienta cada día 
el esplendor de esta corona, con nuevas luces, 
a nosotros nos ilumines 
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, 
iluminará todas las oscuridades. 
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/.   Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana de Adviento.

II. RITO DE LA BENDICIÓN EN LA IGLESIA

1241. La «Corona de Adviento», que se ha instalado en la iglesia, se puede bendecir al comienzo de la misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

Monición introductoria

Después del saludo, el ministro, dice:

Hermanos: Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida. 

El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos su primer cirio.

1242. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oremos.
LA tierra, Señor, se alegra en estos días, 
y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijo, el Señor, 
que se avecina como luz esplendorosa, 
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas 
de la ignorancia, del dolor y del pecado. 
Lleno de esperanza en su venida, 
tu pueblo ha preparado esta corona con ramos del bosque 
y la ha adornado con luces. 
Ahora, pues, que vamos a empezar 
el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, 
te pedimos, Señor, 
que, mientras se acrecienta cada día 
el esplendor de esta corona, con nuevas luces, 
a nosotros nos ilumines 
con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, 
iluminará todas las oscuridades. 
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

R/.   Amén.

Y se enciende el cirio que corresponda según la semana del Adviento.

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