El tiempo ordinario


La presencia del Señor en el camino de la Iglesia



A. Origen y significado.

El tiempo ordinario tiene su origen en el domingo, en la celebración de la "Pascua" que se repetía semana tras semanas (cf. Hch 20,7). Poco a poco se han ido incorporando en la liturgia de la Iglesia los diferentes tiempos fuertes que hacen hincapié en algún misterio concreto de  Cristo (Navidad o Pascua) o nos sirven como preparación de estos (Adviento y Cuaresma). Sin embargo, el Tiempo Ordinario o más propiamente el tiempo durante el añoes el periodo del  año litúrgico más largo. En él se desarrolla el misterio pascual de un modo progresivo y profundo, quizás con mayor naturalidad aún que en otros tiempos litúrgicos cuyo contenido está, a veces, demasiado polarizado por una temática muy concreta. Para la mistagogia de los bautizados y confirmados que acuden cada domingo a celebrar la eucaristía, el tiempo ordinario significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la celebración litúrgica de la iglesia.

El valor del tiempo ordinario consiste en formar con sus treinta y cuatro semanas un continuo celebrativo a partir del episodio del bautismo del Señor, para recorrer paso a paso la vida de la salvación revelada en la existencia de Jesús. Cada domingo tiene valor propio. Se convierte así en un camino cotidiano y sencillo en el que aprendemos de Jesús y compartimos con él las pequeñas cosas de nuestra propia vida.

B.    Características y peculiaridades de este tiempo.
            El tiempo ordinario se divide en dos partes:
            1ª) Desde la Fiesta del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza
            2ª) Desde Pentecostés hasta el I Domingo de Adviento
           
Esto supone que de las 52 semanas del año, 34 discurren en el tiempo ordinario. Y de estas, 6 en la primera parte y 28 en la segunda. Pero más allá de los número debemos destacar la conexión del Tiempo Ordinario con los primeros pasos de las comunidades cristianas que se reunían cada semana para compartir la palabra y el pan; es decir, no se celebran grandes acontecimientos sino la cotidianidad de alimentarse con la Palabra y con el Cuerpo de Cristo.

En este sentido, el Evangelio proclamado en cada celebración dominical durante el tiempo ordinario se convierte en el punto de referencia; no porque en otros tiempos no lo sea, sino porque durante todo el tiempo ordinario se hace una lectura continuada de los evangelios sinópticos: Mateo (ciclo A), Marcos (ciclo B), Lucas (ciclo C). El Evangelio de Juan viene representado con el capítulo 6 en el ciclo A. De este modo vamos leyendo las escenas del evangelio por el orden que el evangelista ha dispuesto; y, así, la cotidianidad de Jesús se hace una con la nuestra.

Otra característica muy visible de este tiempo es el color verde de los ornamentos sagrados; aunque no tiene un origen muy definido podría evocarnos la esperanza, la naturaleza, la paz... 

C.     Fiestas que preceden a los domingos del Tiempo Ordinario.

El ritmo de los domingos del tiempo ordinario es importante mantenerlo; sin embargo, a veces hay fiestas que tienen suficiente entidad como para pasar por delante del ritmo dominical. Por ello hay días que cambiamos el color verde de la cotidianidad por el correspondiente de la fiesta que celebremos, que pueden ser de tres tipos:

1º) La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (Cristo Rey). El año litúrgico siempre finaliza con esta celebración en el último domingo del tiempo ordinario (XXXIV).
2º) Solemnidades de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). Son los domingo consecutivos a Pentecostés.
3º) Fiestas del Señor o de los Santos que se consideran bastante importantes como para celebrarse en lugar del domingo que corresponda: Presentación del Señor (Candelaria), San Juan, San Pedro y San Pablo, Transfiguración del Señor, Asunción de María, Exaltación de la Santa Cruz, Todos los Santos, Fieles Difuntos, Dedicación de la Basílica de Letrán, el Apóstol Santiago o las fiestas del patrón del pueblo o ciudad.

D.    ¿Un repertorio musical para todo el Año?

Numerosas veces podemos escuchar algún comentario por parte de algún director de coro parroquial que insinúa al adentramos en el tiempo ordinario:
            1) Nos "aburrimos" ante la sucesión de domingos cantando los mismo
            2) Nos "agobiamos" porque cada domingo queremos cantar cosas distintas

Esto puede suceder cuando uno no está familiarizado con el amplio repertorio del que disponemos en español y en latín y. En la actualidad, parece que los cancioneros más utilizados son: El Cantoral Litúrgico Nacional (CEE) y el Cantoral de Misa Dominical (CPL), ambos en lengua española, y el Graduale Romanum y el Graduale Simplex que –aún siendo los más completos– no suelen ser muy utilizados, posiblemente por estar estar en latín.

Ante un repertorio tan amplio y variado debemos realizar una correcta administración del mismo. Estos repertorios suelen estar ordenados por el "orden de aparición": Entrada, Señor ten piedad, Gloria, Aleluya... para luego dejar pequeños grupos de cantos por tiempos litúrgicos, fiestas del Señor, etc. Olvidándose de la división principal que nos propone el cantoral oficial de la Iglesia (Graduale): Ordinario (Kyriale, en el que cada misa se corresponde con un tiempo litúrgico o con fiestas concretas: apóstoles, virgen María, etc.) y Propio (dividiendo los domingo por tiempos litúrgicos y las fiestas y solemnidades cronológicamente). De este modo, nunca se interpretan los mismos cantos en una fiesta y en una misa de diario; dándole a la música un valor mistagógico.

Por otra parte, la lectura continuada de los evangelios en las celebraciones dominicales durante el tiempo ordinario debe notarse también en el canto litúrgico. El canto de comunión, por ejemplo, puede (debe) hacer referencia al contenido del Evangelio; ayudará, sin duda, a fortalecer la unidad entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística; y para ello no puede ayudar conocer las antífonas de comunión propuestas por el Misal Romano para cada misa dominical.

Todo esto no nos debe asustar sino motivarnos a consolidar los criterios necesarios para seleccionar un repertorio apropiado, es más, teniendo criterio litúrgico-musical podremos colaborar para que la comunidad que celebra lo haga con mayor intensidad.




Sagrado Corazón de Jesús


Desde los primeros siglos del cristianismos se ha tenido devoción al corazón herido de Jesús. En san Agustín,  san Ambrosio, san Juan Crisóstomo encontramos textos que se refieren a la sagrada llaga del costado de Jesús, a la sangre y agua que brotaron de su corazón, de donde recibimos los sacramentos. Siglos más tarde se siguen encontrando  numerosas referencias al Corazón y las llagas de Cristo: San Bernardo de Claraval, Santa Clara, San Buenaventura, Santa Gertrudis, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, San Francisco de Sales, Santa Juana de Chantal, etc.


Sin embargo, la devoción al Corazón de Jesús como la conocemos hoy tiene su origen en las revelaciones místicas que Santa Margarita María Alacoque comenzó a experimentar en Paray-le-Monial (Francia) desde 1673 hasta su muerte en 1690. Se considera que fueron cuatro las principales apariciones que dieron a conocer a la religiosa la trascendencia de la devoción al Sagrado Corazón. La principal fue la que ocurrió el 27 de junio de 1673, en que por primera vez se le apareció el Salvador y le mostró su Corazón rodeado de llamas, circundado de espinas, rematado por una cruz y con la llaga del golpe de la lanza.

Entre los primeros difusores del culto se destacan san Claudio de la Colombière, director espiritual de la Santa, y los Padres Juan Croisset y José de Galliffe, que escribieron los primeros tratados sobre aquella devoción. Desde el principio fue una devoción muy ligada a la Compañía de Jesús aunque otras congregaciones religiosas desde ese tiempo adoptaron la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Estas son las promesas que Jesús hizo a Santa Margarita de Alacoque y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Pondré paz en sus familias.
3. Los consolaré en sus penas.
4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
6. Bendeciré las casa en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
7. Los pecadores hallarán en mi corazón misericordia.
8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
9. Los almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de él.
12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

     Tres son las condiciones para obtener esta gracia:

1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se hizo popular después de la muerte de Santa Margarita María en 1690. Sin embargo, debido a que la Iglesia siempre es cuidadosa en aprobar una aparición o devoción privada, la fiesta no se estableció como oficial en toda Francia hasta 1765. Y el 8 de mayo de 1873 la devoción al Sagrado Corazón fue formalmente aprobada por el Papa Pío IX. El 21 de julio de 1899 el papa León XIII recomendó urgentemente que todos los obispos del mundo observaran la fiesta en sus diócesis.

En España el padre Bernardo de Hoyos S.J. (1711-1735) fue el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón, el cual recibió la revelación de la Gran Promesa: Reinaré en España, y con más veneración que entras muchas partes.

Durante el siglo XX la devoción al Corazón de Jesús se extendió mucho más. En España, durante el proceso de beatificación de Bernardo de Hoyos, fue aprobada la construcción de un santuario al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, lugar donde toda España se consagró al Corazón de Jesús en 1919. Pero tampoco podemos olvidar la construcción del Templo Nacional Expiatorio dedicado al Sagrado Corazón en la colina del Tibidago en Barcelona), al igual que en Italia el Sacro Cuore de Roma o  en Francia el Sacre-Coeur de París. Por otra parte, en Portugal se dieron las apariciones de Fátima (1917), en las que el ángel y la Virgen enseñaron a los niños a rezar y responder a los designios de los Corazones de Jesús y María. En Polonia, Faustina Kowalska (+1938) tiene unas revelaciones místicas en donde Jesús le comunicó que deseaba derramar la misericordia de Su Corazón sobre toda la humanidad.

De este modo y en pocos siglos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se ha extendido por el mundo entero. Es una llamada constante a entregar la vida por el Reino a imitación de Cristo, que nos amó hasta el extremo entregando su propia vida por la salvación del mundo.


Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS 

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 32, 11. 19
Los proyectos de su Corazón subsisten de edad en edad, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso,
concede a quienes,
alegrándonos en el Corazón de tu Hijo amado,
recordamos los inmensos beneficios de su amor hacia nosotros,
merecer recibir una inagotable abundancia de gracia
de aquella fuente celestial de los dones.
Por nuestro Señor Jesucristo.

     O bien:

OH, Dios, que en el Corazón de tu Hijo,
herido por nuestros pecados,
te has dignado regalamos misericordiosamente
infinitos tesoros de amor,
te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestra piedad,
manifestemos también una conveniente reparación.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor, el inefable amor
del Corazón de tu Hijo predilecto
 para que los dones que te presentamos
sean ofrenda aceptable a ti y expiación de nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


PREFACIO DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

EL INMENSO AMOR DE CRISTO

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, con amor admirable, se entregó por nosotros
y, elevado sobre la cruz,
hizo que de la herida de su costado
brotaran, con el agua y la sangre,
los sacramentos de la Iglesia,
para que así,
acercándose al Corazón abierto del Salvador,
todos puedan beber siempre con gozo
de las fuentes de la salvación.

Por eso,
con los santos
y con todos los ángeles,
te glorificamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo... 




Antífona de comunión          Cf. Jn 7, 37-38
Dice el Señor: «El que tenga sed que venga a mí, y que beba el que cree en mí: de sus entrañas manarán ríos de agua viva».

O bien:          Jn 19, 34
Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que el sacramento de la caridad
encienda en nosotros el fuego del amor santo
por el que, cautivados siempre por tu Hijo,
aprendamos a reconocerle en los hermanos.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


Corpus Christi


La fiesta de Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Algunos autrores la ubican en Lieja (Bélgica) sobre el año 1242, pero la tradición más arraigada la ubica en Italia; ya que por aquel entonces, el Papa Urbano IV tenía la corte en Orvieto (ciudad situada al Norte de Roma). Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1264 se produjo el famoso "Milagro de Bolsena": un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la consagración fuera algo real. Al momento de partir la sagrada forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la Bula Transiturus del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés (Feria quinta post octavam Pentecostes) y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio. De esta manera se extendió el refrán popular: "Tres jueves al año brillan más que el Sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión"; aunque en la actualidad, la Ascensión y Corpus Christi se han trasladado al domingo para propiciar que los fieles puedan participar en mayor número. En el caso del Corpus Christi para el domingo después de la Santísima Trinidad.


Según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó los textos para la liturgia de ese día (Misa y Oficio) a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino. Cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

Uno de los cinco himnos que santo Tomás compuso (Adoro te devote, Page lingua, Tamtum ergo, Verbum Supernum Prodiens y Lauda Sion salvatorem) lo conservamos en nuestra liturgia actual como secuencia de la solemnidad de Corpus Christi: Lauda Sion. Es un texto largo, pero de extrema belleza. Se trata de un verdadero tratado teológico sobre la Eucaristía. No sólo habla de la debida adoración de la Eucaristía sino que utiliza una forma poética para explicar cuestiones muy relevantes: el fundamento histórico del sacramento (la última cena), la transubstanciación, la alusión directa a las especies que esconden el misterio como "accidentes", no como "sustancia", la presencia concreta, completa y real de Cristo en las especies, así como en todas las partes de cada, los beneficios de la comunión, etc. Si alguien está interesado en leer con detenimiento el texto original o su traducción al español puede pinchar AQUÍ. 

Estos son los textos litúrgicos de esta solemnidad:

Domingo después de la Santísima Trinidad

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 80, 17
El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que en este sacramento admirable
nos dejaste el memorial de tu pasión,
te pedimos nos concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,
que experimentemos constantemente en nosotros
el fruto de tu redención.
Tú, que vives y reinas con el Padre.

Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, concede propicio a tu Iglesia
los dones de la paz y de la unidad,
místicamente representados
en los dones que hemos ofrecido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o II de la Eucaristía.

PREFACIO I DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

Este prefacio se dice en la misa de la Cena del Señor; puede decirse también en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...



PREFACIO II DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

Este prefacio se dice en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, en la última cena con sus apóstoles,
para perpetuar a través de los siglos
el memorial de la cruz salvadora,
se entregó a ti como Cordero inmaculado
y ofrenda perfecta de alabanza.

Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles,
para que una misma fe ilumine,
y un mismo amor congregue,
a todos los hombres que habitan un mismo mundo.

Así, pues, nos acercamos a la mesa de este sacramento admirable,
para que, impregnados de la suavidad de tu gracia,
nos transformemos según el modelo celestial.

Por eso, Señor,
tus criaturas del cielo y de la tierra
te adoran cantando un cántico nuevo,
y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles,
te aclamamos por siempre diciendo:

Santo, Santo, Santo...




Antífona de comunión          Cf. Jn 6, 57
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Señor,
saciarnos del gozo eterno de tu divinidad,
anticipado en la recepción actual
de tu precioso Cuerpo y Sangre.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Conviene que la procesión tenga lugar después de la misa en la que se consagra la hostia que se ha de llevar en ella. Pero nada impide que la procesión se haga después de una adoración pública y prolongada que siga a la misa. Si la procesión se tiene inmediatamente después de la misa, concluida la comunión de los fieles se coloca sobre el altar la custodia en la cual se pone la hostia consagrada. Dicha la oración después de la comunión y omitidos los ritos conclusivos, se organiza la procesión.




Jesucristo sumo y eterno sacerdote



La fiesta litúrgica de Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote que celebramos el jueves siguiente a la Solemnidad de Pentecostes tiene un origen muy español. A continuación encontrarás unos datos históricos de gran valor recogidos por Ramón de la Campa  para comprender mejor el origen de esta fiestas así como los textos litúrgicos propios de este día y las Letanías de Cristo Sacerdote.

Esta fiesta se concibió como patronal de la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, cuyos fundadores fueron José María García Lahiguera, desde el 17 de mayo de 1950 Obispo Auxiliar de Madrid-Alcalá, y María del Carmen Hidalgo de Caviedes, quienes en audiencia con el Venerable Pío XII el 25 de abril de 1950 solicitaron su institución en las casas de la congregación. La Santa Sede, por rescripto de 25 de junio de 1952 la concedió con la categoría de doble de primera clase.

En noviembre de 1954 García Lahiguera pidió a la Junta General de la Congregación de San Pedro Apóstol de presbíteros seculares de Madrid que se adhiriera a la petición que quería elevar a la Santa Sede con vistas a la institución de la festividad litúrgica de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Acogida con entusiasmo la proposición, fue enviada con el visto bueno del Patriarca de las Indias y Obispo de Madrid Leopoldo Eijo Garay. El propio García Lahiguera lo propuso en 1965, durante el Concilio Vaticano II, cuando se trataba el esquema De Sacerdotis, propuesta que fue rubricada por 194 padres conciliares, entre ellos 5 cardenales.

La Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote empezó a trabajar en la elaboración de los textos eucológicos de la fiesta, que fueron aprobados para su uso el 21 de diciembre de 1971 por la sagrada Congregación para el Culto Divino, y quedan a disposición de las diócesis y congregaciones que soliciten dicha memoria.

En abril de 1972 García Lahiguera, entonces Arzobispo de Valencia, envió una carta a los obispos españoles, adjuntándoles los textos de misa y Oficio, para que se adhirieran a la inclusión de esta festividad en el Calendario Nacional como corolario del próximo Congreso Eucarístico Nacional que se iba a celebrar en Valencia.

Propuesta seguidamente a la reunión permanente de la Conferencia Episcopal Española la aprobación de dicha fiesta para el Propio de España, salió adelante en la Asamblea Plenaria del 5 de julio de 1973, fijándose para el jueves posterior a Pentecostés. El Presidente envió a Roma las correspondientes preces y por rescripto nº 1087/73 de 22 de agosto de 1973 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó su inserción en el Calendario Litúrgico Nacional de España con sus textos propios. Se celebró por primera vez en España entera el 6 de junio de 1974. Estos son los textos:

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Fiesta

Antífona de entrada          Hb 7, 24
Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano
constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote,
concede, por la acción del Espíritu Santo,
a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios
la gracia de ser fieles
en el cumplimiento del ministerio recibido.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
JESUCRISTO, nuestro Mediador,
te haga aceptables estos dones, Señor,
y nos presente juntamente con él
como ofrenda agradable a tus ojos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio I de las ordenaciones

ESACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

Este prefacio se dice en la misa crismal y en la misa de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote.



V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que constituiste a tu Unigénito
pontífice de la alianza nueva y eterna
por la unción del Espíritu Santo,
y determinaste, en tu designio salvífico,
perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

Él no solo confiere el honor del sacerdocio real
a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano,
elige a hombres de este pueblo,
para que, por la imposición de las manos,
participen de su sagrada misión.

Ellos renuevan en nombre de Cristo
el sacrificio de la redención,
preparan a tus hijos el banquete pascual,
preceden a tu pueblo santo en el amor,
lo alimentan con tu palabra
y lo fortalecen con los sacramentos.

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti
y por la salvación de los hermanos,
van configurándose a Cristo,
y han de darte testimonio constante de fidelidad y amor.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor...

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión
LA eucaristía que hemos ofrecido y recibido,
nos dé la vida, Señor,
para que, unidos a ti en caridad perpetua,
demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo nuestro Señor.


Letanías de Cristo Sacerdote


El Papa Juan Pablo II presentó en su 50º aniversario de sacerdocio estas letanías, llenas de contenido bíblico, que solían cantarse en el Seminario de Cracovia, especialmente en la Vigilia que tenía lugar la víspera de cada ordenación sacerdotal. El Papa expresó la profunda impresión que suponía para los seminaristas la oración a Cristo Sacerdote y Víctima, con el cual se iban a identificar mediante la ordenación y cuya oblación iban a compartir en el ejercicio de su ministerio. Las invocaciones están basadas en la carta a los Hebreos, y las peticiones transmiten el anhelo por la santidad de los Ministros ordenados.


Si quieres escuchar las Letanías de Cristo Sacerdote pincha AQUÍ.
Si quieres la partitura de las Letanías de Cristo Sacerdote pincha AQUÍ.

Prefacio de la Santísima Trinidad





PREFACIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 

EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que con tu Hijo unigénito y el Espíritu Santo
eres un solo Dios, un solo Señor;
no en la singularidad de una sola Persona,
sino en la Trinidad de una sola naturaleza.

Y lo que creemos de tu gloria
porque tú lo revelaste
lo afirmamos sin diferencia
de tu Hijo y del Espíritu Santo.

De modo que, al proclamar nuestra fe
en la verdadera y eterna Divinidad,
adoramos tres Personas distintas,
de única naturaleza e iguales en dignidad.

A quien alaban los ángeles y los arcángeles,
los querubines y serafines,
que no cesan de aclamarte, diciendo a una sola voz:

Santo, Santo, Santo...






Veni, Sancte Spiritus

En la liturgia del "Domingo de Pentecostés" (cincuenta días después del Domingo de Pascua) hacemos memoria de lo narrado al comienzo del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo sitio, y de repente sonó desde el cielo un fragor como de viento que irrumpe impetuoso, y llenó toda la casa donde estaban; y se les dejaron ver unas lenguas como de fuego, que se iban repartiendo y se posaron sobre cada uno de ellos, y todos se llenaron de Espíritu Santo.

Esta celebración tiene una "peculiaridad" musical, la secuencia Veni, Sancte Spiritus. En otras ocasiones hemos hablado de las cinco secuencias que después de la reforma litúrgica han permanecido en nuestras celebraciones; por eso hoy me gustaría destacar también este hermoso texto de carácter lírico del siglo XII que se introduce en la liturgia de la Palabra y en el que la Iglesia invoca y pide la asistencia del Espíritu Santo. Esta secuencia, aún no siendo obligatoria, si se dispone de los medios necesarios, debería ser cantada antes del aleluya y de la proclamación del evangelio.


A lo largo de la historia se han hecho sobre el mismo texto - a veces con algunas licencias - nuevas composiciones musicales. En el siglo XVI, Orlando di Lasso, uno de los grandes polifonistas del Renacimiento musicalizaba el poema Veni, Sancte Spiritus de un modo muy característico de su época, polifonía a capella  en continua sucesión de fugas.


W. A. Mozart, en el siglo XVIII realizaba una magnífica obra para coro a cuatro voces y orquesta, en la que se reconoce al autor perfectamente desde el primer acorde de la orquesta. El "Aleluya. Amén" (presto) del final no deja indiferente a nadie.


Pero uno se puede preguntar: ¿y qué se hace hoy? En muchas parroquias sencillamente se lee, en otras se musicaliza el texto en castellano o en la lengua de cada región... pero en otros lugares que tienen más medios y sobre todo la voluntad de hacer una liturgia solemne, bella y participativa intentan transmitir con la música y el canto el "fuego del Espíritu" con una perfecta armonía en diálogo: órgano, coro polifónico y asamblea. 







(Leer texto de la secuencia y su traducción)

Veni Creator

En este mismo blog puedes ver la entrada sobre la secuencia de la misa del día de Pentecostés: Veni Sancte Spiritus, pero quizás sea más conocido todavía el antiguo himno atribuido a Rábano Mauro (siglo IX): Veni Creator.

Se trata de un himno de carácter poético dedicado al Espíritu Santo. Normalmente es interpretado en Liturgia de las Horas, concretamente como himno de las II vísperas de Pentecostés. Su interpretación más conocida es en gregoriano y como casi todos los himnos de la Liturgia de las Horas tiene un carácter silábico-semiornamentado, por eso es tan fácil de cantar. Esta es la versión que aparece en el Liber Usualis. Misa et officii (1944) e interpretado por la Schola Cantorum del Seminario Compostelano, obviamente no es la mejor interpretación posible... pero me recuerda mis años de formación en este seminario.



Pero su uso no se reduce a las vísperas de pentecostés, sino que va mucho más allá. Seguro que más de uno tiene en mente las imagines que han dado la vuelta al mundo del Colegio Cardenalicio entonando este himno en la Capilla Sixtina pidiendo la intercesión del Espíritu Santo ante la responsabilidad de elegir a un nuevo Papa.


Otro momento reservado para este hermoso himno es la ordenación episcopal, justo después de la proclamación del Evangelio, al iniciar la liturgia de la ordenación con la presentación y  promesa del elegido (OVPD 36 [35]). A modo de curiosidad... en la Segunda Edición typica de 1990 se suprimió este himno del rito de ordenación presbiteral, por eso queda reservado para la ordenación episcopal. 



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