García Morente - Ortega y Gasset

Recientemente he tenido oportunidad de publicar el libro Manuel García Morente. Una vida a la luz de la correspondencia inédita con José Ortega y Gasset. Comparto aquí la reseña que le dedicó Guillermo Juan Morado en su blog La puerta de Damasco.

Óscar VALADO DOMÍNGUEZ, Manuel García Morente. Una vida a la luz de la correspondencia inédita con José Ortega y Gasset, San Esteban Editorial (Colección Ariadna 25) Salamanca – Madrid 2020, 149 páginas, ISBN 978-84-8260-365-0.

Óscar Valado Domínguez (Vigo 1981) es sacerdote de la Archidiócesis de Santiago de Compostela, doctor en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, ciudad en la que también realizó estudios de música en el Pontificio Instituto de Música Sacra y de liturgia en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz. El libro que reseñamos no es su primera obra sobre García Morente, autor al que dedicó, entre otros estudios, su tesis doctoral: La música como “porta fidei” en la conversión de Manuel García Morente (1886-1942). Una interpretación teológica a partir de la relectura teológico-musical del “hecho extraordinario”, Aracne, Roma 2015.

Señala Valado Domínguez en la “Introducción” que, aun siendo Manuel García Morente “uno de los hombres más distinguidos de la época” –rica en personalidades descollantes en el mundo de la cultura– la historia lo ha convertido “en alguien muy poco conocido” (p. 13).

Para contribuir a que su figura sea más conocida, Valado Domínguez ofrece en esta obra la reproducción de las veintitrés cartas, inéditas hasta ahora, que Morente escribió a su amigo Ortega y Gasset entre 1912 y 1938, integrando la correspondencia en un relato cronológico de la vida de Morente.

El libro está articulado en catorce capítulos breves: 1. “El despertar a la vida”. 2. “El inicio de una gran amistad” – en este capítulo se recogen seis cartas de Morente a Ortega, algunas de ellas remitidas desde Marburgo (Alemania), donde se fragua la amistad entre ambos - . 3. “Los proyectos comunes” – capítulo que recoge las cartas VII y VIII - . 4. “El decano” – cartas IX a XI -. 5. “La destitución”. 6. “El exilio en París” – cartas XII a XVII - . 7. “El hecho extraordinario” – carta XVIII -. 8. “América” (cartas XIX – XXII). 9. “Yo quiero ser sacerdote”. 10. “El regreso a España”. 11. “El fin de la amistad” (carta XXIII). 12. “El monasterio de Poyo”. 13. “Por fin, Madrid”. 14. “Sacerdos in aeternum”.

A estos capítulos sigue la “referencia y descripción de los documentos incluidos” (pp. 141-144) y un “índice onomástico” (pp. 145-149.

Todos los momentos narrados de la biografía de Morente resultan de interés, aunque sin duda habrá que subrayar el capítulo dedicado al “hecho extraordinario”, acontecimiento que marca un cambio profundo en su vida. En París, en la angustia del exilio, experimenta en la noche del 29 de abril de 1937 el encuentro con Dios; no con un Dios lejano, sino con Dios hecho próximo en Cristo: “Cristo sufriendo como yo, a ése sí que lo entiendo y ése sí que me entiende”, escribirá (p. 96).

Paradójicamente, este encuentro con Cristo subyace al desencuentro, al término de la amistad, con Ortega. De las cartas que Morente le escribe, merece la pena destacar aquellas que le dirige desde el exilio en París (XII-XVII) y, sobre todo, la que le envía desde Vigo el 10 de julio de 1938 en la que le da cuenta de de la resolución que ha tomado de abrazar la vida religiosa: “Mi vida tiene ahora un sentido claro, neto y una orientación inequívoca” (p. 123). Una carta que no recibió respuesta.

No solo Ortega se sintió desconcertado ante el converso Morente, sino muchos otros, antiguos compañeros o amigos de cuando él todavía no era creyente y también nuevos hermanos en la fe que no acababan de fiarse del todo de la sinceridad de su transformación religiosa. Nada distinto, por otra parte, a las incomprensiones que tuvieron que padecer otros conversos.

Merece la pena leer este libro, breve y profundo, que nos ayuda a reflexionar sobre la amistad, un bien frágil, como todos los bienes humanos, y acerca del curso de una vida en la que hechos externos e internos cambian completamente el enfoque de la existencia. En medio de todos esos acontecimientos, con frecuencia dramáticos, Dios se hizo presente para aportar alivio, sosiego y esperanza.

Guillermo Juan Morado.


Solemnidad del Apóstol Santiago

25 de julio

SANTIAGO, APÓSTOL,
PATRONO DE ESPAÑA

SOLEMNIDAD



Antífona de entrada          Cf. Mt 4, 18. 21; Mc 3, 17
Jesús paseando junto al mar de Galilea, vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban repasando las redes, y los llamó, y les puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso y eterno,
que consagraste los primeros trabajos de tus apóstoles
con la sangre de Santiago,
haz que tu Iglesia,
reconfortada constantemente por su patrocinio,
sea fortalecida por su testimonio,
y que los pueblos de España
se mantengan fieles a Cristo hasta el final de los tiempos
Por nuestro Señor Jesucristo.

PRIMERA LECTURA
Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles.

EN aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial
Sal 66, 2-3. 5. 7-8 (R/.: 4)
R/.   Oh Dios, que te alaben los pueblos,
        que todos los pueblos te alaben.

        V/.   El Señor tenga piedad y nos bendiga,
                ilumine su rostro sobre nosotros;
                conozca la tierra tus caminos,
                todos los pueblos tu salvación.   R/.

        V/.   Que canten de alegría las naciones,
                porque riges el mundo con justicia,
                y gobiernas las naciones de la tierra.   R/.

        V/.   La tierra ha dado su fruto,
                nos bendice el Señor, nuestro Dios.
                Que Dios nos bendiga; que le teman
                todos los confines de la tierra.   R/.


SEGUNDA LECTURA
 2 Cor 4, 7-15
Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

HERMANOS:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros:
Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

Aleluya

R/.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V/.   Astro brillante de España, apóstol Santiago,
        tu cuerpo descansa en la paz,
        tu gloria pervive entre nosotros.   R/.

EVANGELIO
Mt 20, 20-28
Mi cáliz lo beberéis
Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

EN aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Palabra del Señor.

Oración sobre las ofrendas
PURIFÍCANOS, Señor,
con el bautismo salvador de la muerte de tu Hijo,
para que, en la solemnidad de Santiago,
el primer apóstol que participó en el cáliz redentor de Cristo,
podamos ofrecerte un sacrificio agradable.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio
EL PATRONAZGO DEL APÓSTOL

V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.


EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso, Pastor eterno.

Porque Santiago, testigo predilecto,
anunció el reino
que viene por la muerte y resurrección de tu Hijo,
y, el primero entre los apóstoles,
bebió el cáliz del Señor:
con su guía y patrocinio
se conserva la fe en España y en los pueblos hermanos
y se dilata por toda la tierra,
mientras tu apóstol alienta a los que peregrinan
para que lleguen finalmente a ti,
por Cristo, Señor nuestro.

Por eso, Señor,
con todos los ángeles
te alabamos ahora y por siempre,
diciendo con humilde fe:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que vienen en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión
Bebieron el cáliz del Señor y se hicieron amigos de Dios.

Oración después de la comunión
AL darte gracias, Señor,
por los dones santos que hemos recibido
en esta solemnidad de Santiago, apóstol, patrono de España,
te pedimos que sigas protegiéndonos siempre
con su poderosa intercesión.
Por Jesucristo, nuestro Señor.




DESCARGA la partitura del Himno al Apóstol Santiago pinchando AQUÍ.

¿Cantar la Misa o cantar en la Misa?


En los últimos años existe una preocupación creciente por el canto y la música que se interpreta en nuestras iglesias y que en muchas ocasiones poco (o nada) tiene que ver con la "música litúrgica". En este tema, como en todo, es legítimo tener una opinión, sin embargo, no debemos olvidar que la Liturgia, la celebración de la fe, no nos pertenece... por ello no debemos adaptarla a nuestro gusto, de ahí que la pregunta a la que buscamos respuesta no puede ser "¿qué es PARA MÍ la música litúrgica? sino ¿QUÉ ES LA MÚSICA LITÚRGICA? y para dar respuesta nos tenemos que acercar al Magisterio de la Iglesia y conocer qué es lo que nos pide la Iglesia HOY a la luz de una reforma litúrgica que ha cambiado sustancialmente algunas cuestiones... pero quizás no tanto como piensan algunos. Para muestra copio aquí una aclaración publicada en 1969 por la que entonces se denominaba Sagrada Congregación para el Culto Divino.


CANTAR LA MISA Y NO CANTAR DURANTE LA MISA

Notitiae 48 (1969) 406.

De numerosos lugares se ha preguntado a esta Congregación si todavía es válida la fórmula de la Instrucción sobre la Música Sacra y la Sagrada Liturgia, del 3 de septiembre de 1958, en su número 33: «Los fieles pueden cantar cantos populares religiosos en la misa rezada, si estos son apropiados para las distintas partes de la misa».

La fórmula está superada.

Es la Misa misma, Ordinario y Propio, lo que se debe cantar, y no «cualquier cosa». Porque la acción es única, tiene una sola cara, un solo acento, una sola voz: la voz de la Iglesia. Seguir cantando motetes, aunque sean devotos y piadosos, pero con texto ajenos a la Misa que se celebra (como el Lauda Sion en el ofertorio durante la fiesta de un santo) expresa una ambigüedad inadmisible: es dar salvado en lugar de trigo bueno, vino aguado en lugar de un buen vino.

Porque no solo nos interesa la melodía en el canto litúrgico, sino las palabras, el texto, el pensamiento, los sentimientos revestidos de poesía y de melodía. Eso sí, estos textos deben ser los de la Misa, no otros. Es decir, cantar la Misa y no cantar durante la Misa.


Conferencia sobre ¿Cantar la Misa o cantar en la Misa?



PINCHA AQUÍ para descargar la conferencia en lengua española.






El tiempo ordinario


La presencia del Señor en el camino de la Iglesia



A. Origen y significado.

El tiempo ordinario tiene su origen en el domingo, en la celebración de la "Pascua" que se repetía semana tras semanas (cf. Hch 20,7). Poco a poco se han ido incorporando en la liturgia de la Iglesia los diferentes tiempos fuertes que hacen hincapié en algún misterio concreto de  Cristo (Navidad o Pascua) o nos sirven como preparación de estos (Adviento y Cuaresma). Sin embargo, el Tiempo Ordinario o más propiamente el tiempo durante el añoes el periodo del  año litúrgico más largo. En él se desarrolla el misterio pascual de un modo progresivo y profundo, quizás con mayor naturalidad aún que en otros tiempos litúrgicos cuyo contenido está, a veces, demasiado polarizado por una temática muy concreta. Para la mistagogia de los bautizados y confirmados que acuden cada domingo a celebrar la eucaristía, el tiempo ordinario significa un programa continuado de penetración en el misterio de salvación siguiendo la existencia humana de Jesús a través de los evangelios, contenido principal y esencial de la celebración litúrgica de la iglesia.

El valor del tiempo ordinario consiste en formar con sus treinta y cuatro semanas un continuo celebrativo a partir del episodio del bautismo del Señor, para recorrer paso a paso la vida de la salvación revelada en la existencia de Jesús. Cada domingo tiene valor propio. Se convierte así en un camino cotidiano y sencillo en el que aprendemos de Jesús y compartimos con él las pequeñas cosas de nuestra propia vida.

B.    Características y peculiaridades de este tiempo.
            El tiempo ordinario se divide en dos partes:
            1ª) Desde la Fiesta del Bautismo del Señor hasta el Miércoles de Ceniza
            2ª) Desde Pentecostés hasta el I Domingo de Adviento
           
Esto supone que de las 52 semanas del año, 34 discurren en el tiempo ordinario. Y de estas, 6 en la primera parte y 28 en la segunda. Pero más allá de los número debemos destacar la conexión del Tiempo Ordinario con los primeros pasos de las comunidades cristianas que se reunían cada semana para compartir la palabra y el pan; es decir, no se celebran grandes acontecimientos sino la cotidianidad de alimentarse con la Palabra y con el Cuerpo de Cristo.

En este sentido, el Evangelio proclamado en cada celebración dominical durante el tiempo ordinario se convierte en el punto de referencia; no porque en otros tiempos no lo sea, sino porque durante todo el tiempo ordinario se hace una lectura continuada de los evangelios sinópticos: Mateo (ciclo A), Marcos (ciclo B), Lucas (ciclo C). El Evangelio de Juan viene representado con el capítulo 6 en el ciclo A. De este modo vamos leyendo las escenas del evangelio por el orden que el evangelista ha dispuesto; y, así, la cotidianidad de Jesús se hace una con la nuestra.

Otra característica muy visible de este tiempo es el color verde de los ornamentos sagrados; aunque no tiene un origen muy definido podría evocarnos la esperanza, la naturaleza, la paz... 

C.     Fiestas que preceden a los domingos del Tiempo Ordinario.

El ritmo de los domingos del tiempo ordinario es importante mantenerlo; sin embargo, a veces hay fiestas que tienen suficiente entidad como para pasar por delante del ritmo dominical. Por ello hay días que cambiamos el color verde de la cotidianidad por el correspondiente de la fiesta que celebremos, que pueden ser de tres tipos:

1º) La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (Cristo Rey). El año litúrgico siempre finaliza con esta celebración en el último domingo del tiempo ordinario (XXXIV).
2º) Solemnidades de la Santísima Trinidad y del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). Son los domingo consecutivos a Pentecostés.
3º) Fiestas del Señor o de los Santos que se consideran bastante importantes como para celebrarse en lugar del domingo que corresponda: Presentación del Señor (Candelaria), San Juan, San Pedro y San Pablo, Transfiguración del Señor, Asunción de María, Exaltación de la Santa Cruz, Todos los Santos, Fieles Difuntos, Dedicación de la Basílica de Letrán, el Apóstol Santiago o las fiestas del patrón del pueblo o ciudad.

D.    ¿Un repertorio musical para todo el Año?

Numerosas veces podemos escuchar algún comentario por parte de algún director de coro parroquial que insinúa al adentramos en el tiempo ordinario:
            1) Nos "aburrimos" ante la sucesión de domingos cantando los mismo
            2) Nos "agobiamos" porque cada domingo queremos cantar cosas distintas

Esto puede suceder cuando uno no está familiarizado con el amplio repertorio del que disponemos en español y en latín y. En la actualidad, parece que los cancioneros más utilizados son: El Cantoral Litúrgico Nacional (CEE) y el Cantoral de Misa Dominical (CPL), ambos en lengua española, y el Graduale Romanum y el Graduale Simplex que –aún siendo los más completos– no suelen ser muy utilizados, posiblemente por estar estar en latín.

Ante un repertorio tan amplio y variado debemos realizar una correcta administración del mismo. Estos repertorios suelen estar ordenados por el "orden de aparición": Entrada, Señor ten piedad, Gloria, Aleluya... para luego dejar pequeños grupos de cantos por tiempos litúrgicos, fiestas del Señor, etc. Olvidándose de la división principal que nos propone el cantoral oficial de la Iglesia (Graduale): Ordinario (Kyriale, en el que cada misa se corresponde con un tiempo litúrgico o con fiestas concretas: apóstoles, virgen María, etc.) y Propio (dividiendo los domingo por tiempos litúrgicos y las fiestas y solemnidades cronológicamente). De este modo, nunca se interpretan los mismos cantos en una fiesta y en una misa de diario; dándole a la música un valor mistagógico.

Por otra parte, la lectura continuada de los evangelios en las celebraciones dominicales durante el tiempo ordinario debe notarse también en el canto litúrgico. El canto de comunión, por ejemplo, puede (debe) hacer referencia al contenido del Evangelio; ayudará, sin duda, a fortalecer la unidad entre la liturgia de la Palabra y la liturgia Eucarística; y para ello no puede ayudar conocer las antífonas de comunión propuestas por el Misal Romano para cada misa dominical.

Todo esto no nos debe asustar sino motivarnos a consolidar los criterios necesarios para seleccionar un repertorio apropiado, es más, teniendo criterio litúrgico-musical podremos colaborar para que la comunidad que celebra lo haga con mayor intensidad.




Sagrado Corazón de Jesús


Desde los primeros siglos del cristianismos se ha tenido devoción al corazón herido de Jesús. En san Agustín,  san Ambrosio, san Juan Crisóstomo encontramos textos que se refieren a la sagrada llaga del costado de Jesús, a la sangre y agua que brotaron de su corazón, de donde recibimos los sacramentos. Siglos más tarde se siguen encontrando  numerosas referencias al Corazón y las llagas de Cristo: San Bernardo de Claraval, Santa Clara, San Buenaventura, Santa Gertrudis, Santa Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, San Francisco de Sales, Santa Juana de Chantal, etc.


Sin embargo, la devoción al Corazón de Jesús como la conocemos hoy tiene su origen en las revelaciones místicas que Santa Margarita María Alacoque comenzó a experimentar en Paray-le-Monial (Francia) desde 1673 hasta su muerte en 1690. Se considera que fueron cuatro las principales apariciones que dieron a conocer a la religiosa la trascendencia de la devoción al Sagrado Corazón. La principal fue la que ocurrió el 27 de junio de 1673, en que por primera vez se le apareció el Salvador y le mostró su Corazón rodeado de llamas, circundado de espinas, rematado por una cruz y con la llaga del golpe de la lanza.

Entre los primeros difusores del culto se destacan san Claudio de la Colombière, director espiritual de la Santa, y los Padres Juan Croisset y José de Galliffe, que escribieron los primeros tratados sobre aquella devoción. Desde el principio fue una devoción muy ligada a la Compañía de Jesús aunque otras congregaciones religiosas desde ese tiempo adoptaron la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.

Estas son las promesas que Jesús hizo a Santa Margarita de Alacoque y por medio de ella a todos los devotos de su Sagrado Corazón:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.
2. Pondré paz en sus familias.
3. Los consolaré en sus penas.
4. Seré su refugio durante la vida y, sobre todo, a la hora de la muerte.
5. Bendeciré abundantemente sus empresas.
6. Bendeciré las casa en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.
7. Los pecadores hallarán en mi corazón misericordia.
8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
9. Los almas fervorosas se elevarán a gran perfección.
10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más endurecidos.
11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de él.
12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

     Tres son las condiciones para obtener esta gracia:

1. Recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de mes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción.
2. Tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final.
3. Ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús se hizo popular después de la muerte de Santa Margarita María en 1690. Sin embargo, debido a que la Iglesia siempre es cuidadosa en aprobar una aparición o devoción privada, la fiesta no se estableció como oficial en toda Francia hasta 1765. Y el 8 de mayo de 1873 la devoción al Sagrado Corazón fue formalmente aprobada por el Papa Pío IX. El 21 de julio de 1899 el papa León XIII recomendó urgentemente que todos los obispos del mundo observaran la fiesta en sus diócesis.

En España el padre Bernardo de Hoyos S.J. (1711-1735) fue el principal apóstol de la devoción al Sagrado Corazón, el cual recibió la revelación de la Gran Promesa: Reinaré en España, y con más veneración que entras muchas partes.

Durante el siglo XX la devoción al Corazón de Jesús se extendió mucho más. En España, durante el proceso de beatificación de Bernardo de Hoyos, fue aprobada la construcción de un santuario al Sagrado Corazón en el Cerro de los Ángeles, lugar donde toda España se consagró al Corazón de Jesús en 1919. Pero tampoco podemos olvidar la construcción del Templo Nacional Expiatorio dedicado al Sagrado Corazón en la colina del Tibidago en Barcelona), al igual que en Italia el Sacro Cuore de Roma o  en Francia el Sacre-Coeur de París. Por otra parte, en Portugal se dieron las apariciones de Fátima (1917), en las que el ángel y la Virgen enseñaron a los niños a rezar y responder a los designios de los Corazones de Jesús y María. En Polonia, Faustina Kowalska (+1938) tiene unas revelaciones místicas en donde Jesús le comunicó que deseaba derramar la misericordia de Su Corazón sobre toda la humanidad.

De este modo y en pocos siglos la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se ha extendido por el mundo entero. Es una llamada constante a entregar la vida por el Reino a imitación de Cristo, que nos amó hasta el extremo entregando su propia vida por la salvación del mundo.


Viernes posterior al segundo domingo después de Pentecostés

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS 

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 32, 11. 19
Los proyectos de su Corazón subsisten de edad en edad, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

Se dice Gloria.

Oración colecta
DIOS todopoderoso,
concede a quienes,
alegrándonos en el Corazón de tu Hijo amado,
recordamos los inmensos beneficios de su amor hacia nosotros,
merecer recibir una inagotable abundancia de gracia
de aquella fuente celestial de los dones.
Por nuestro Señor Jesucristo.

     O bien:

OH, Dios, que en el Corazón de tu Hijo,
herido por nuestros pecados,
te has dignado regalamos misericordiosamente
infinitos tesoros de amor,
te pedimos que, al rendirle el homenaje de nuestra piedad,
manifestemos también una conveniente reparación.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
MIRA, Señor, el inefable amor
del Corazón de tu Hijo predilecto
 para que los dones que te presentamos
sean ofrenda aceptable a ti y expiación de nuestras culpas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


PREFACIO DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

EL INMENSO AMOR DE CRISTO

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, con amor admirable, se entregó por nosotros
y, elevado sobre la cruz,
hizo que de la herida de su costado
brotaran, con el agua y la sangre,
los sacramentos de la Iglesia,
para que así,
acercándose al Corazón abierto del Salvador,
todos puedan beber siempre con gozo
de las fuentes de la salvación.

Por eso,
con los santos
y con todos los ángeles,
te glorificamos diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo... 




Antífona de comunión          Cf. Jn 7, 37-38
Dice el Señor: «El que tenga sed que venga a mí, y que beba el que cree en mí: de sus entrañas manarán ríos de agua viva».

O bien:          Jn 19, 34
Uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.

Oración después de la comunión
SEÑOR, que el sacramento de la caridad
encienda en nosotros el fuego del amor santo
por el que, cautivados siempre por tu Hijo,
aprendamos a reconocerle en los hermanos.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.


Corpus Christi


La fiesta de Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Algunos autrores la ubican en Lieja (Bélgica) sobre el año 1242, pero la tradición más arraigada la ubica en Italia; ya que por aquel entonces, el Papa Urbano IV tenía la corte en Orvieto (ciudad situada al Norte de Roma). Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1264 se produjo el famoso "Milagro de Bolsena": un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la consagración fuera algo real. Al momento de partir la sagrada forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la Bula Transiturus del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés (Feria quinta post octavam Pentecostes) y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio. De esta manera se extendió el refrán popular: "Tres jueves al año brillan más que el Sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión"; aunque en la actualidad, la Ascensión y Corpus Christi se han trasladado al domingo para propiciar que los fieles puedan participar en mayor número. En el caso del Corpus Christi para el domingo después de la Santísima Trinidad.


Según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó los textos para la liturgia de ese día (Misa y Oficio) a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino. Cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

Uno de los cinco himnos que santo Tomás compuso (Adoro te devote, Page lingua, Tamtum ergo, Verbum Supernum Prodiens y Lauda Sion salvatorem) lo conservamos en nuestra liturgia actual como secuencia de la solemnidad de Corpus Christi: Lauda Sion. Es un texto largo, pero de extrema belleza. Se trata de un verdadero tratado teológico sobre la Eucaristía. No sólo habla de la debida adoración de la Eucaristía sino que utiliza una forma poética para explicar cuestiones muy relevantes: el fundamento histórico del sacramento (la última cena), la transubstanciación, la alusión directa a las especies que esconden el misterio como "accidentes", no como "sustancia", la presencia concreta, completa y real de Cristo en las especies, así como en todas las partes de cada, los beneficios de la comunión, etc. Si alguien está interesado en leer con detenimiento el texto original o su traducción al español puede pinchar AQUÍ. 

Estos son los textos litúrgicos de esta solemnidad:

Domingo después de la Santísima Trinidad

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 80, 17
El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que en este sacramento admirable
nos dejaste el memorial de tu pasión,
te pedimos nos concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,
que experimentemos constantemente en nosotros
el fruto de tu redención.
Tú, que vives y reinas con el Padre.

Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, concede propicio a tu Iglesia
los dones de la paz y de la unidad,
místicamente representados
en los dones que hemos ofrecido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o II de la Eucaristía.

PREFACIO I DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

Este prefacio se dice en la misa de la Cena del Señor; puede decirse también en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...



PREFACIO II DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

Este prefacio se dice en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, en la última cena con sus apóstoles,
para perpetuar a través de los siglos
el memorial de la cruz salvadora,
se entregó a ti como Cordero inmaculado
y ofrenda perfecta de alabanza.

Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles,
para que una misma fe ilumine,
y un mismo amor congregue,
a todos los hombres que habitan un mismo mundo.

Así, pues, nos acercamos a la mesa de este sacramento admirable,
para que, impregnados de la suavidad de tu gracia,
nos transformemos según el modelo celestial.

Por eso, Señor,
tus criaturas del cielo y de la tierra
te adoran cantando un cántico nuevo,
y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles,
te aclamamos por siempre diciendo:

Santo, Santo, Santo...




Antífona de comunión          Cf. Jn 6, 57
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Señor,
saciarnos del gozo eterno de tu divinidad,
anticipado en la recepción actual
de tu precioso Cuerpo y Sangre.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Conviene que la procesión tenga lugar después de la misa en la que se consagra la hostia que se ha de llevar en ella. Pero nada impide que la procesión se haga después de una adoración pública y prolongada que siga a la misa. Si la procesión se tiene inmediatamente después de la misa, concluida la comunión de los fieles se coloca sobre el altar la custodia en la cual se pone la hostia consagrada. Dicha la oración después de la comunión y omitidos los ritos conclusivos, se organiza la procesión.




Jesucristo sumo y eterno sacerdote



La fiesta litúrgica de Nuestro Señor Jesucristo, sumo y eterno sacerdote que celebramos el jueves siguiente a la Solemnidad de Pentecostes tiene un origen muy español. A continuación encontrarás unos datos históricos de gran valor recogidos por Ramón de la Campa  para comprender mejor el origen de esta fiestas así como los textos litúrgicos propios de este día y las Letanías de Cristo Sacerdote.

Esta fiesta se concibió como patronal de la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, cuyos fundadores fueron José María García Lahiguera, desde el 17 de mayo de 1950 Obispo Auxiliar de Madrid-Alcalá, y María del Carmen Hidalgo de Caviedes, quienes en audiencia con el Venerable Pío XII el 25 de abril de 1950 solicitaron su institución en las casas de la congregación. La Santa Sede, por rescripto de 25 de junio de 1952 la concedió con la categoría de doble de primera clase.

En noviembre de 1954 García Lahiguera pidió a la Junta General de la Congregación de San Pedro Apóstol de presbíteros seculares de Madrid que se adhiriera a la petición que quería elevar a la Santa Sede con vistas a la institución de la festividad litúrgica de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Acogida con entusiasmo la proposición, fue enviada con el visto bueno del Patriarca de las Indias y Obispo de Madrid Leopoldo Eijo Garay. El propio García Lahiguera lo propuso en 1965, durante el Concilio Vaticano II, cuando se trataba el esquema De Sacerdotis, propuesta que fue rubricada por 194 padres conciliares, entre ellos 5 cardenales.

La Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote empezó a trabajar en la elaboración de los textos eucológicos de la fiesta, que fueron aprobados para su uso el 21 de diciembre de 1971 por la sagrada Congregación para el Culto Divino, y quedan a disposición de las diócesis y congregaciones que soliciten dicha memoria.

En abril de 1972 García Lahiguera, entonces Arzobispo de Valencia, envió una carta a los obispos españoles, adjuntándoles los textos de misa y Oficio, para que se adhirieran a la inclusión de esta festividad en el Calendario Nacional como corolario del próximo Congreso Eucarístico Nacional que se iba a celebrar en Valencia.

Propuesta seguidamente a la reunión permanente de la Conferencia Episcopal Española la aprobación de dicha fiesta para el Propio de España, salió adelante en la Asamblea Plenaria del 5 de julio de 1973, fijándose para el jueves posterior a Pentecostés. El Presidente envió a Roma las correspondientes preces y por rescripto nº 1087/73 de 22 de agosto de 1973 la Sagrada Congregación para el Culto Divino aprobó su inserción en el Calendario Litúrgico Nacional de España con sus textos propios. Se celebró por primera vez en España entera el 6 de junio de 1974. Estos son los textos:

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,
SUMO Y ETERNO SACERDOTE

Fiesta

Antífona de entrada          Hb 7, 24
Cristo, mediador de una nueva alianza, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano
constituiste a tu Hijo único sumo y eterno Sacerdote,
concede, por la acción del Espíritu Santo,
a quienes él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios
la gracia de ser fieles
en el cumplimiento del ministerio recibido.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
JESUCRISTO, nuestro Mediador,
te haga aceptables estos dones, Señor,
y nos presente juntamente con él
como ofrenda agradable a tus ojos.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio I de las ordenaciones

ESACERDOCIO DE CRISTO Y EL MINISTERIO DE LOS SACERDOTES

Este prefacio se dice en la misa crismal y en la misa de la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote.



V/.   El Señor esté con vosotros. R/.
V/.   Levantemos el corazón. R/.
V/.   Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R/.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Que constituiste a tu Unigénito
pontífice de la alianza nueva y eterna
por la unción del Espíritu Santo,
y determinaste, en tu designio salvífico,
perpetuar en la Iglesia su único sacerdocio.

Él no solo confiere el honor del sacerdocio real
a todo su pueblo santo, sino también, con amor de hermano,
elige a hombres de este pueblo,
para que, por la imposición de las manos,
participen de su sagrada misión.

Ellos renuevan en nombre de Cristo
el sacrificio de la redención,
preparan a tus hijos el banquete pascual,
preceden a tu pueblo santo en el amor,
lo alimentan con tu palabra
y lo fortalecen con los sacramentos.

Tus sacerdotes, Señor, al entregar su vida por ti
y por la salvación de los hermanos,
van configurándose a Cristo,
y han de darte testimonio constante de fidelidad y amor.

Por eso, Señor, nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo:

Santo, Santo, Santo es el Señor...

Antífona de comunión          Mt 28, 20
Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final del mundo, dice el Señor.

Oración después de la comunión
LA eucaristía que hemos ofrecido y recibido,
nos dé la vida, Señor,
para que, unidos a ti en caridad perpetua,
demos frutos que siempre permanezcan.
Por Jesucristo nuestro Señor.


Letanías de Cristo Sacerdote


El Papa Juan Pablo II presentó en su 50º aniversario de sacerdocio estas letanías, llenas de contenido bíblico, que solían cantarse en el Seminario de Cracovia, especialmente en la Vigilia que tenía lugar la víspera de cada ordenación sacerdotal. El Papa expresó la profunda impresión que suponía para los seminaristas la oración a Cristo Sacerdote y Víctima, con el cual se iban a identificar mediante la ordenación y cuya oblación iban a compartir en el ejercicio de su ministerio. Las invocaciones están basadas en la carta a los Hebreos, y las peticiones transmiten el anhelo por la santidad de los Ministros ordenados.


Si quieres escuchar las Letanías de Cristo Sacerdote pincha AQUÍ.
Si quieres la partitura de las Letanías de Cristo Sacerdote pincha AQUÍ.
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