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¿Cómo retirar el cirio pascual?



El cirio pascual es uno de los signos más importantes de la Pascua. Durante este tiempo litúrgico –que ya llega a su término–  nos ha acompañado llameante junto al ambón de cada una de nuestras iglesias. Sin embargo, al finalizar el tiempo de Pascua este próximo domingo de Pentecostés, la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramento nos recuerda: “El cirio pascual debe encenderse en todas las celebraciones litúrgicas del tiempo de Pascua hasta el domingo de Pentecostés. Después ha de trasladarse al bautisterio y mantenerlo con todo honor, para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte del cristiano es su propia Pascua. El cirio pascual, fuera del tiempo pascual, no ha de encenderse ni permanecer en el presbiterio”. (Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 99).

Dicho esto, aunque no exista un "rito para el apagado del cirio pascual", puede ser muy oportuno pastoralmente que en la última misa del día de Pentecostés (si no se celebran las II vísperas) se haga una clara referencia catequético-litúrgica a la conclusión del tiempo pascual y, para ello, después de la bendición, podemos apagarlo a la vista de todos los fieles o incluso llevar en procesión el cirio pascual al bautisterio –donde permanecerá durante todo el año– y una vez allí se apaga.  

Siendo de un modo u otro, se debe explicar a los fieles que el cirio siempre estará presente y llameante cada vez que se celebre el sacramento del Bautismo o una celebración de exequias. 




Veni, Sancte Spiritus

En la liturgia del "Domingo de Pentecostés" (cincuenta días después del Domingo de Pascua) hacemos memoria de lo narrado al comienzo del capítulo 2 de los Hechos de los Apóstoles: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo sitio, y de repente sonó desde el cielo un fragor como de viento que irrumpe impetuoso, y llenó toda la casa donde estaban; y se les dejaron ver unas lenguas como de fuego, que se iban repartiendo y se posaron sobre cada uno de ellos, y todos se llenaron de Espíritu Santo.

Esta celebración tiene una "peculiaridad" musical, la secuencia Veni, Sancte Spiritus. En otras ocasiones hemos hablado de las cinco secuencias que después de la reforma litúrgica han permanecido en nuestras celebraciones; por eso hoy me gustaría destacar también este hermoso texto de carácter lírico del siglo XII que se introduce en la liturgia de la Palabra y en el que la Iglesia invoca y pide la asistencia del Espíritu Santo. Esta secuencia, aún no siendo obligatoria, si se dispone de los medios necesarios, debería ser cantada antes del aleluya y de la proclamación del evangelio.


A lo largo de la historia se han hecho sobre el mismo texto - a veces con algunas licencias - nuevas composiciones musicales. En el siglo XVI, Orlando di Lasso, uno de los grandes polifonistas del Renacimiento musicalizaba el poema Veni, Sancte Spiritus de un modo muy característico de su época, polifonía a capella  en continua sucesión de fugas.


W. A. Mozart, en el siglo XVIII realizaba una magnífica obra para coro a cuatro voces y orquesta, en la que se reconoce al autor perfectamente desde el primer acorde de la orquesta. El "Aleluya. Amén" (presto) del final no deja indiferente a nadie.


Pero uno se puede preguntar: ¿y qué se hace hoy? En muchas parroquias sencillamente se lee, en otras se musicaliza el texto en castellano o en la lengua de cada región... pero en otros lugares que tienen más medios y sobre todo la voluntad de hacer una liturgia solemne, bella y participativa intentan transmitir con la música y el canto el "fuego del Espíritu" con una perfecta armonía en diálogo: órgano, coro polifónico y asamblea. 







(Leer texto de la secuencia y su traducción)

Prefacio de Pentecostés


Prefacio

EL MISTERIO DE PENTECOSTÉS

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.

Pues, para llevar a plenitud el Misterio pascual,
enviaste hoy el Espíritu Santo
sobre los que habías adoptado como hijos
por la encarnación de tu Unigénito.

El Espíritu que,
desde el comienzo de la Iglesia naciente,
infundió el conocimiento de Dios en todos los pueblos
y reunió la diversidad de lenguas
en la confesión de una misma fe.

Por eso,
con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría,
y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles,
cantan el himno de tu gloria diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo...




Veni Creator

En este mismo blog puedes ver la entrada sobre la secuencia de la misa del día de Pentecostés: Veni Sancte Spiritus, pero quizás sea más conocido todavía el antiguo himno atribuido a Rábano Mauro (siglo IX): Veni Creator.

Se trata de un himno de carácter poético dedicado al Espíritu Santo. Normalmente es interpretado en Liturgia de las Horas, concretamente como himno de las II vísperas de Pentecostés. Su interpretación más conocida es en gregoriano y como casi todos los himnos de la Liturgia de las Horas tiene un carácter silábico-semiornamentado, por eso es tan fácil de cantar. Esta es la versión que aparece en el Liber Usualis. Misa et officii (1944) e interpretado por la Schola Cantorum del Seminario Compostelano, obviamente no es la mejor interpretación posible... pero me recuerda mis años de formación en este seminario.



Pero su uso no se reduce a las vísperas de pentecostés, sino que va mucho más allá. Seguro que más de uno tiene en mente las imagines que han dado la vuelta al mundo del Colegio Cardenalicio entonando este himno en la Capilla Sixtina pidiendo la intercesión del Espíritu Santo ante la responsabilidad de elegir a un nuevo Papa.


Otro momento reservado para este hermoso himno es la ordenación episcopal, justo después de la proclamación del Evangelio, al iniciar la liturgia de la ordenación con la presentación y  promesa del elegido (OVPD 36 [35]). A modo de curiosidad... en la Segunda Edición typica de 1990 se suprimió este himno del rito de ordenación presbiteral, por eso queda reservado para la ordenación episcopal. 



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