Corpus Christi


La fiesta de Corpus Christi se remonta al siglo XIII. Algunos autrores la ubican en Lieja (Bélgica) sobre el año 1242, pero la tradición más arraigada la ubica en Italia; ya que por aquel entonces, el Papa Urbano IV tenía la corte en Orvieto (ciudad situada al Norte de Roma). Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1264 se produjo el famoso "Milagro de Bolsena": un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la consagración fuera algo real. Al momento de partir la sagrada forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.

El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la Bula Transiturus del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés (Feria quinta post octavam Pentecostes) y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio. De esta manera se extendió el refrán popular: "Tres jueves al año brillan más que el Sol: Jueves Santo, Corpus Christi y la Ascensión"; aunque en la actualidad, la Ascensión y Corpus Christi se han trasladado al domingo para propiciar que los fieles puedan participar en mayor número. En el caso del Corpus Christi para el domingo después de la Santísima Trinidad.


Según algunos biógrafos, el Papa Urbano IV encargó los textos para la liturgia de ese día (Misa y Oficio) a San Buenaventura y a Santo Tomás de Aquino. Cuando el Pontífice comenzó a leer en voz alta el oficio hecho por Santo Tomás, San Buenaventura fue rompiendo el suyo en pedazos.

Uno de los cinco himnos que santo Tomás compuso (Adoro te devote, Page lingua, Tamtum ergo, Verbum Supernum Prodiens y Lauda Sion salvatorem) lo conservamos en nuestra liturgia actual como secuencia de la solemnidad de Corpus Christi: Lauda Sion. Es un texto largo, pero de extrema belleza. Se trata de un verdadero tratado teológico sobre la Eucaristía. No sólo habla de la debida adoración de la Eucaristía sino que utiliza una forma poética para explicar cuestiones muy relevantes: el fundamento histórico del sacramento (la última cena), la transubstanciación, la alusión directa a las especies que esconden el misterio como "accidentes", no como "sustancia", la presencia concreta, completa y real de Cristo en las especies, así como en todas las partes de cada, los beneficios de la comunión, etc. Si alguien está interesado en leer con detenimiento el texto original o su traducción al español puede pinchar AQUÍ. 

Estos son los textos litúrgicos de esta solemnidad:

Domingo después de la Santísima Trinidad

EL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Solemnidad

Antífona de entrada           Sal 80, 17
El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre.

Se dice Gloria.

Oración colecta
OH, Dios,
que en este sacramento admirable
nos dejaste el memorial de tu pasión,
te pedimos nos concedas venerar de tal modo
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre,
que experimentemos constantemente en nosotros
el fruto de tu redención.
Tú, que vives y reinas con el Padre.

Se dice Credo.
Oración sobre las ofrendas
SEÑOR, concede propicio a tu Iglesia
los dones de la paz y de la unidad,
místicamente representados
en los dones que hemos ofrecido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I o II de la Eucaristía.

PREFACIO I DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

EL SACRIFICIO Y EL SACRAMENTO DE CRISTO

Este prefacio se dice en la misa de la Cena del Señor; puede decirse también en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, verdadero y único sacerdote,
al instituir el sacrificio de la eterna alianza
se ofreció el primero a ti como víctima de salvación,
y nos mandó perpetuar esta ofrenda en memoria suya.
Su carne, inmolada por nosotros,
es alimento que nos fortalece;
su sangre, derramada por nosotros,
es bebida que nos purifica.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
con los tronos y dominaciones, y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...



PREFACIO II DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

LOS FRUTOS DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA

Este prefacio se dice en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y en las misas votivas de la Santísima Eucaristía.

EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

El cual, en la última cena con sus apóstoles,
para perpetuar a través de los siglos
el memorial de la cruz salvadora,
se entregó a ti como Cordero inmaculado
y ofrenda perfecta de alabanza.

Con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles,
para que una misma fe ilumine,
y un mismo amor congregue,
a todos los hombres que habitan un mismo mundo.

Así, pues, nos acercamos a la mesa de este sacramento admirable,
para que, impregnados de la suavidad de tu gracia,
nos transformemos según el modelo celestial.

Por eso, Señor,
tus criaturas del cielo y de la tierra
te adoran cantando un cántico nuevo,
y también nosotros, con todo el ejército de los ángeles,
te aclamamos por siempre diciendo:

Santo, Santo, Santo...




Antífona de comunión          Cf. Jn 6, 57
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él, dice el Señor.

Oración después de la comunión
CONCÉDENOS, Señor,
saciarnos del gozo eterno de tu divinidad,
anticipado en la recepción actual
de tu precioso Cuerpo y Sangre.
Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Conviene que la procesión tenga lugar después de la misa en la que se consagra la hostia que se ha de llevar en ella. Pero nada impide que la procesión se haga después de una adoración pública y prolongada que siga a la misa. Si la procesión se tiene inmediatamente después de la misa, concluida la comunión de los fieles se coloca sobre el altar la custodia en la cual se pone la hostia consagrada. Dicha la oración después de la comunión y omitidos los ritos conclusivos, se organiza la procesión.




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